Reflexiones sobre las ausencias obligadas por la covid-19, el confinamiento y el distanciamiento social se entrelazan en la obra ecuatoriana “Desplazamientos”, en la que con danza y música se aborda sobre las nuevas formas de relacionarse con el mundo.

La obra tiene que ver “con un proceso profundo de reflexión. La experiencia del encierro y el aislamiento nos dejó experiencias muy profundas de aprendizaje”, que desplazaron la mirada, dice a Efe Valeria Andrade, encargada de la investigación y puesta en escena.

Esas miradas se desplazaron “al cuidado de la vida, de las personas, a honrar las presencias, a vivir la existencia del otro como verdad, como algo cierto”.

“Este acercamiento con la muerte que tuvimos, y la posibilidad de la muerte propia y de la de nuestros seres queridos, y la forma cómo pudimos atravesar desde la distancia, -dijo- pusieron en juego el valor de la vida, que depende del cuidado propio y del de los demás”, algo que se puede interpretar también a través del arte.

 “Un sistema que nos avasalla”. La artista considera que el aislamiento llevó a muchos a construir una forma alternativa de relacionarse con el mundo: trasladar la mirada hacia uno mismo y al valor de la vida, algo que ahora se pondrá a prueba con la salida paulatina de la población del confinamiento obligado por la pandemia.

“Lo difícil es ver cómo con la reactivación de las cosas, el sistema nos vuele a avasallar. Es duro preguntarse cómo negociamos esos aprendizajes con el día a día de un sistema que nos avasalla y acapara, que extrae toda una fuerza vital”, anotó.

Como enseñanza, ve la “posibilidad de un encuentro ético, pensando la ética como un estado reflexivo de ser frente al mundo en libertad.

No tiene que ver con una moral instrumental sino “con la construcción incluso del deseo de ser y estar frente al mundo”.

“Ausencias obligadas”. “Desplazamientos’ es una creación colectiva de Andrade y de los bailarines de la Compañía Nacional de Danza Camila Enríquez, Christian Masabanda, Franklin Mena y Catalina Villagómez.

La obra se presenta este y el próximo sábado en los exteriores de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, en Quito.

Divida en tres partes (semillas, regalos y política), “Desplazamientos” no solo explora durante cincuenta minutos en lenguajes escénicos y de la danza, sino en el “performance” para remarcar en el tema de las ausencias obligadas.

Andrade conjugó en primera persona la experiencia del aislamiento durante la pandemia y aunque mantuvo contacto con el exterior de forma virtual, considera que ese mismo mecanismo “ahondó en las ausencias de mucha gente que partió y a la cual no pudimos acompañar en su partida”.

Y es que han sido miles las personas las que han perdido a algún cercano a causa de la pandemia y que no han podido asistir a funerales ni abrazar a los deudos en gesto de solidaridad.

“Este espacio vacío que queda de sentidos, de energía, de olores, texturas, de calor, de abrazo…de ahí el valor del autocuidado y cuidar del otro para la vida”, comentó Andrade, artista multidisciplinaria, con formación en lingüística, danza y antropología.

“Desplazamiento” se construye de forma colectiva y derrumba barreras con el público, que no llega para ver una secuencia de movimientos desde lejos: “Las personas están dentro de la obra”.

Ello, porque la escena se desarrolla en un espacio expandido, que crea una experiencia de convivencia en la que el público puede moverse de un lugar a otro para experimentar el sonido y tener otros puntos de vista y nuevas miradas, nuevas como aquellas que ha dejado la pandemia. EFE