Compártelo con tus amigos:

Ingrid Bowen recuerda perfectamente todo lo que dijo Gerardo Delgado antes de su crimen.
El 10 de agosto se levantó a las siete de la mañana y prometió llevarla de viaje a Europa en un tour donde se recorría cinco países en menos de una semana. Lo dijo al despertar, y luego se marchó a trabajar sin desayunar.
Le hizo esa promesa porque ambos estaban aplicando a una visa en Europa.

Al mediodía ella se trasladó desde Manta a la casa de campo en Los Bajos de Montecristi, porque iban a limpiarla debido a que tenían planes de celebrar el cumpleaños número 4 de su hijo Efraín.

Ese día Gerardo le dijo que iba a llamar a su mamá para pedirle que le traiga un par de medias desde Quito. Su madre vive en esa ciudad.
Ambos se comunicaron varias veces por llamadas y chat durante la tarde, porque habían acordado salir a buscar a una perra que se había extraviado en Los Bajos.

“Cinco minutos antes del crimen hablamos por última vez, donde le pedí no demorar para buscar a la mascota, y nunca más regresó”, expresó.
La vida de Gerardo fue apagada a las cinco de la tarde en la entrada a Las Paolas, de cuatro disparos en la cabeza, cuando lo llamaron a cubrir un falso secuestro.
Hoy se cumplen 35 días del asesinato, e Ingrid habla sobre su posible participación política como aspirante a concejal de Manta, las razones de por qué no ha presentado la denuncia del crimen y los proyectos de vida que tenía con Gerardo, el periodista de OlaManta que el próximo martes tenía previsto celebrar sus 39 años de edad.

DENUNCIA. Ingrid informó que cuando falleció su hija Amelia, hace un año por una extraña enfermedad, sus amigos le incitaron a denunciar la muerte por mala práctica médica.

La bebé tenía tres meses de nacida, y Gerardo evitó seguir cualquier trámite legal porque nada le iba a devolver a su hija. “Él decía para qué denunciar. Todo lo dejamos en las manos de Dios. Y para honrar su memoria estoy aplicando lo mismo, porque creemos en la justicia divina”, expresó.
Ella contó que presentar una denuncia implicaría contratar abogados y vivir una vida llena de angustia, porque le tocaría enfrentar a las personas detenidas por el crimen.

Este caso se ventila en la Fiscalía de Montecristi, donde existen dos hombres procesados en calidad de autores directos del asesinato.
Ingrid contó que antes de la muerte Gerardo hizo un en vivo sobre un cultivo de pepinos gigantes en el barrio La Florita, donde le regalaron una semilla que sembró en la casa de campo. Y tres días después del crimen, la planta floreció y cultivó el primer pepino gigante. “Esa planta lo representa”, dijo.

Gerardo tenía aspiraciones de participación en política como candidato a concejal de Manta, y ella era su alterna.
¿Está dispuesta a asumir la candidatura?, le pregunta el periodista.
“Hubo una propuesta y aún sigo analizando”, expresó.
De temas políticos, Ingrid prefiere no hablar. Se siente incómoda. “Mejor te hablo del sueño de Gerardo. Él quería jubilarse y vivir de las rentas, porque su mayor anhelo era tener locales comerciales”, agregó.