El verano ecuatoriano, marcado por altas temperaturas y una humedad persistente, se convierte en un desafío de salud para personas con problemas cardiacos.

Según datos recopilados por instituciones de salud, los meses de enero y febrero registran un notable incremento en los casos de infartos, siendo este período crítico para aquellos con afecciones del corazón.

El doctor Manuel López, cardiólogo del Hospital Metropolitano de Quito, señala que las altas temperaturas ejercen una carga adicional sobre el sistema cardiovascular, especialmente en personas con antecedentes de enfermedades del corazón.

“El calor puede provocar una mayor demanda de oxígeno por parte del cuerpo, lo que puede ser especialmente riesgoso para quienes ya tienen una capacidad reducida para el suministro de oxígeno al corazón”, explica López.

La combinación de altas temperaturas y humedad crea un ambiente propicio para el estrés térmico, lo que puede desencadenar un aumento en la presión arterial y una mayor frecuencia cardíaca.

“Esto puede poner a las personas en riesgo de sufrir un evento cardiovascular agudo, como un infarto”, advierte López.

Medidas ante intenso calor por problemas cardiacos

En este contexto, es crucial que las personas con problemas cardiacos tomen medidas preventivas durante los meses de mayor calor.

Se recomienda evitar la exposición prolongada al sol en horas pico, mantenerse hidratado adecuadamente y buscar ambientes frescos y sombreados.

Además, es fundamental seguir las indicaciones médicas y no descuidar la ingesta de medicamentos prescritos.

Las autoridades de salud también hacen un llamado a la población en general para que esté atenta a los síntomas de alerta, como dolor en el pecho, dificultad para respirar, sudoración excesiva y mareos, y buscar atención médica de inmediato en caso de presentar alguno de estos signos.

En conclusión, el verano ecuatoriano no solo representa un desafío climático, sino también un riesgo añadido para las personas con problemas cardiacos.

Con conciencia y precaución, es posible reducir el impacto de las altas temperaturas en la salud cardiovascular y evitar consecuencias graves durante esta temporada crítica.