Un nuevo acuerdo ministerial, que flexibiliza la jornada laboral, constituye un avance hacia los cambios en los rígidos esquemas de trabajo, pero es poco frente a la reforma integral que se requiere para estimular la inversión.

La rigidez del Código de Trabajo ha sido por años un freno para quienes generan empleo. Este paso del Ministerio de Trabajo reconoce una realidad productiva que exige horarios adaptables y esquemas acordes a sectores que no pueden detenerse sin afectar el interés público o la economía.

El ministro Harold Burbano firmó una norma que regula turnos y horarios especiales, previa autorización estatal. Permite jornadas de hasta 12 horas diarias con compensación en días de descanso. 

Este cambio corrige distorsiones y otorga herramientas a las empresas para organizar mejor su producción. Sin embargo, mantiene una alta discrecionalidad administrativa y no toca otros puntos críticos del Código. Persisten costos de despido elevados, rigideces contractuales y cargas que desincentivan nuevas contrataciones. 

Sin condiciones claras y competitivas frente a otros países de la región, la inversión seguirá buscando destinos más atractivos.

Ecuador necesita una revisión profunda que equilibre derechos y competitividad. Sin reformas estructurales, el empleo formal no crecerá al ritmo que el país demanda.