Recorrer la avenida Confraternidad, en el barrio El Tambo de Pelileo, es adentrarse en un inmenso centro comercial al aire libre donde el protagonista sigue siendo el jean. A lo largo de 1.5 kilómetros, cerca de 300 locales exhiben pantalones, chaquetas, faldas, camisas, gorras y toda clase de prendas elaboradas con denim, una tradición que durante más de cuatro décadas ha marcado la economía y la identidad del cantón tungurahuense.
Aunque el jean nació en Estados Unidos como una prenda resistente para los mineros de California, en Pelileo adquirió un significado diferente. Aquí dejó de ser únicamente una tela para convertirse en el motor económico de miles de familias y en el símbolo de una ciudad conocida dentro y fuera del país como la «Ciudad Azul».
De San Francisco a los talleres de Pelileo
La historia comenzó mucho antes de que el denim llegara a Ecuador. En 1853, Levi Strauss y Jacob Davis confeccionaron los primeros pantalones reforzados con remaches de cobre para soportar las duras jornadas de los trabajadores. Más de un siglo después, esa misma tela encontró en Pelileo un nuevo destino.
Entre las décadas de 1950 y 1980, varios habitantes del barrio El Tambo migraron en busca de oportunidades. Muchos aprendieron el oficio de confeccionar prendas de jean y regresaron para emprender sus propios talleres. Lo que inició con apenas tres o cuatro fábricas pronto se convirtió en una de las industrias textiles más importantes del país.
El auge llegó en los años noventa. Las lavanderías especializadas colgaban cientos de pantalones recién lavados a lo largo de la vía hacia Baños para que se secaran al sol. El paisaje teñido de azul sorprendía a los viajeros y dio origen al sobrenombre que aún distingue al cantón.
Un oficio que pasa de padres a hijos
La industria del jean en Pelileo tiene un rasgo que la diferencia de las grandes cadenas de producción: el trabajo artesanal y familiar.
Edgar Sánchez creció entre rollos de tela, moldes y máquinas de coser. Su padre, Domingo Sánchez, aprendió el oficio trabajando junto a uno de los pioneros del sector y luego decidió emprender su propio negocio.
«Desde niño ayudaba poniendo las tallas con esfero porque antes todo era manual», recuerda Edgar, quien hoy, tras graduarse en Diseño de Modas, lidera la creación de nuevos modelos para el negocio familiar.
Junto a sus hermanos Fabián, encargado de las ventas, y Daysi, responsable del área financiera, continúa desarrollando una empresa cuyos productos llegan a todo el país, especialmente a Quito. Los precios oscilan entre 18 y 20 dólares, dependiendo de la calidad de la tela, el lavado y el diseño. Para Edgar, el secreto sigue siendo el mismo: calidad, innovación y una confección cuidada en cada detalle.
Detrás de cada prenda existe una extensa cadena de producción. Se estima que en Pelileo funcionan alrededor de 1.100 talleres textiles y una docena de lavanderías industriales que elaboran cerca de un millón de prendas mensuales.
La actividad genera ingresos cercanos a los 10 millones de dólares al año y alrededor de 15.000 plazas de trabajo, la mitad de ellas directas, consolidando al jean como una de las principales fuentes de empleo de la provincia de Tungurahua.
Cada local abre sus puertas todos los días, entre las 09:00 y las 18:00, recibiendo tanto a comerciantes mayoristas como a turistas que buscan prendas de calidad a precios competitivos.
Innovar para mantenerse vigentes
Sin embargo, el panorama ya no es el mismo que durante el boom de los años noventa. La competencia de productos importados y los cambios en las tendencias de consumo han obligado a los fabricantes a reinventarse.
Algunos talleres diversificaron su producción hacia ropa deportiva, camisetas, calentadores y prendas de punto. Otros incorporaron calzado y accesorios, mientras que varios almacenes han reemplazado buena parte de su oferta tradicional por ropa importada desde Colombia, China y Estados Unidos.
La tienda Johan es uno de esos ejemplos. En sus vitrinas, el jean cedió espacio a prendas provenientes de Medellín, reflejando una transformación que también puede observarse en otros negocios de la avenida. Aun así, los productores mantienen el optimismo.
Pese a los cambios del mercado, Pelileo conserva el espíritu que la convirtió en la capital ecuatoriana del jean. Hoy, entre las nuevas tendencias, la competencia extranjera y la innovación permanente, el jean artesanal continúa siendo mucho más que una prenda de vestir: es la historia de una ciudad que aprendió a coser su futuro con hilo azul. (10).

