Las restricciones impuestas por China a plantas procesadoras de camarón de Ecuador obligan al Estado a actuar con sentido de urgencia y rigor técnico. 

El principal producto de exportación no petrolera del país necesita una respuesta rápida y coordinada con el fin de recuperar la confianza de su mayor mercado.

China es el principal comprador de camarón ecuatoriano. En los primeros cinco meses de este año, el 51,24 por ciento de las exportaciones del crustáceo tuvieron como destino el mercado chino. 

Las observaciones de las autoridades del país asiático sobre protocolos sanitarios y controles de calidad coinciden con un escenario de precios internacionales deprimidos, que reduce la rentabilidad del sector. A ello se suman altos costos de producción e inseguridad en las zonas de producción, factores que afectan la competitividad de una actividad estratégica para el país, y de gran importancia para provincias como Manabí.

Además de las necesarias gestiones diplomáticas, hacen falta, de parte del Estado, medidas concretas que beneficien a los productores camaroneros. Se necesitan líneas de crédito oportunas, alivios financieros y una política comercial que impulse nuevos destinos para disminuir la dependencia de un solo mercado. 

Se trata de preservar una actividad productiva que sostiene la economía de miles de familias y aporta al desarrollo nacional.