Es media tarde y mientras en casi toda Nicaragua se discute sobre una nueva ola de covid-19, en La Embajada, una comunidad rural de difícil acceso ubicada a 175 kilómetros al noreste de Managua, un grupo de campesinos se reúne en una esquina y celebra porque, según dicen, han “vencido al coronavirus”.

La celebración no es planificada, surge de manera espontánea, en medio de las reflexiones sobre cómo sobrevive a la pandemia este pueblo de 170 casas y 510 habitantes, de los cuales una parte tuvo los síntomas de la covid-19 entre 2020 e inicios de 2021, pero ninguno fue a un hospital ni al cementerio.

“Hace meses pasamos días difíciles, yo pasé días con diarrea, no olía, no saboreaba, un dolor de cabeza…”, dijo a Efe el mayor del grupo. “Yo pasé con hipo, mareos, con dolores, me decían todos que eran los síntomas del coronavirus, pero aquí estoy, contando el cuento”, agregó otra, entre carcajadas sin mascarillas que resonaban en los bosques aledaños.

Los del grupo eran seis de los diez líderes de La Embajada, que se reunieron para hablar de temas de interés comunal.

Según los sobrevivientes de la covid-19 Félix Valle y Nieves Lezcano, desde inicios del año nadie en la comarca ha vuelto a tener los síntomas, debido a que sus habitantes decidieron seguir las recomendaciones médicas.

“Hacemos caso a lo que dice la OMS (Organización Mundial de la Salud), mantenemos todo aseado, nos lavamos las manos, no nos tocamos la cara y, cuando estuvo lo peor, todo el mundo se mantenía con sus mascarillas, ahora sólo son exigidas en la iglesia, además que aquí nadie viene, sólo el camión que suministra a la venta”, afirmó el también líder Milton Velásquez.

El comportamiento de La Esperanza, que replica el de su cabecera municipal, Camoapa (centro), no es normal en un país donde las autoridades no establecen restricciones para detener la propagación de la pandemia, promueven aglomeraciones y brinda información escasa y confusa sobre la covid-19.

Antídoto. Para saber cómo evitar la covid-19, cómo detectar si la han adquirido y cómo “salvarse” en medio de las limitaciones, en La Embajada no recurren a médicos privados, pues el más cercano se encuentra a 60 kilómetros de camino pedregoso, sino a las noticias, pero no a cualquier noticiero.

“Vemos las noticias internacionales, no en los canales del Gobierno, vemos los de Honduras, Costa Rica, Estados Unidos”, afirmó Valle, quien prefirió no decir por qué rechazan informarse sobre la pandemia en medios oficialistas, en un país donde cientos han sido arrestados tras mostrar inconformidad con las autoridades.

El momento de silencio lo rompió Velásquez, al develar la fórmula no tan secreta, y según los médicos no tan confiable, sobre cómo alivian los malestares de la covid-19.

“Aquí resolvemos, hacemos té de eucalipto, le echamos limón, jengibre, miel y lo tomamos todos aunque estemos sanos, cuando cae el enfermo, toma ivermectina, nadie se nos ha muerto”, dijo Velásquez, a unos pasos del cementerio local, que ha recibido a ocho ocupantes en cuatro años, ninguno a causa de la pandemia, según afirmó.

Valle juró haber sobrevivido a la covid-19 gracias a esa combinación casera y, según han advertido los médicos del Comité Científico Multidisciplinario, poco efectiva, aunque ambos campesinos se limitaron a reír al preguntarles si la ivermectina era la fórmula para humanos o se trataba de la más común en esa zona ganadera, fabricada para animales. EFE