Ante la inminente llegada del fenómeno El Niño, se vuelve una rutina predecible escuchar que los municipios y el Gobierno Provincial de Manabí ejecutarán obras de limpieza en el cauce del río Portoviejo e, incluso, trabajos de desazolve en tramos críticos. Estas acciones, aunque necesarias en la urgencia, dejan al descubierto una visión miope: abordamos a nuestro río únicamente cuando nos amenaza, olvidando el trato diario que le damos al afluente que históricamente ha sido motor del comercio, guardián de tradiciones y sustento de la producción manabita.
Recuperar el río Portoviejo no puede seguir siendo una simple maniobra de prevención de desastres. Debe convertirse en una hoja de ruta técnica e institucional articulada por los gobiernos locales, con una proyección que trascienda los periodos de administración de alcaldes y prefectos.
Debemos volver a mirar al río como lo que verdaderamente es: una fuente inagotable de vida. Esto exige voluntad política para eliminar de raíz las descargas de aguas servidas clandestinas y sancionar con rigor a quienes continúan utilizándolo como un vertedero insalubre.
Modelos de transformación urbana nos demuestran que es posible reconciliarnos con nuestros afluentes. En Cuenca, la integración de puentes peatonales aporta a la movilidad sostenible y al ornato de la ciudad. Yendo más lejos, Medellín convirtió su río en el eje central de su vida comunitaria y turística, engalanándolo cada diciembre con alumbrados navideños que atraen al mundo entero. Portoviejo podría aspirar a escenarios similares si se trabajara de forma constante en la descontaminación, la limpieza de las riberas y la recuperación integral del ecosistema.
En una época marcada por las consecuencias del calentamiento global, regenerar nuestro entorno fluvial es un imperativo biológico y social. Sin embargo, este desafío no recae únicamente en la esfera gubernamental; exige un compromiso ciudadano activo. Es urgente educar a la comunidad en el amor y el respeto al agua, sembrar especies frutales nativas en las márgenes para consolidar sus riberas y rescatar tradiciones icónicas como el festival de la bajada de las balsas.
Devolverle el valor que merece a nuestro río implica organizar eventos culturales, deportivos y de esparcimiento en sus orillas. Llevar el mensaje de su importancia para la historia y la vida de Manabí es el primer paso para dejar de darle la espalda y transformarlo, de una vez por todas, en el gran parque lineal y el pulmón verde que la provincia necesita.