En la ciudad de Portoviejo, como en muchas otras urbes del mundo, la gestión de los residuos sólidos representa uno de los principales desafíos urbanos, tanto en términos ambientales como sociales.

A pesar de los esfuerzos realizados para que el proceso sea adecuado, siempre existe algún aspecto que queda sin consideración dentro del complejo manejo de dichos residuos en una ciudad como la nuestra. No basta con la renovación del parque automotor; hace falta estar a la altura de las circunstancias en un mundo donde se debe considerar no solo la recolección como tal, sino también lo que ocurre una vez realizado el trabajo. Desde que los camiones salen del depósito de basura, deberían ser lavados y desinfectados, no solo por higiene, sino también para preservar la autoestima colectiva, en un Portoviejo que crece a pasos agigantados y no puede darse el lujo de afectar la salud emocional de sus habitantes.

Resulta indecoroso que, al paso de los recolectores, se dejen en el ambiente olores nauseabundos que se encapsulan a lo largo y ancho de su recorrido hasta el patio de máquinas, afectando a transeúntes, negocios e incluso a los medios de transporte con su fétido aroma. Esta situación se repite a diario, ubicándonos en un tercer mundismo que tanto se quiere erradicar y del que, por prácticas como estas, resulta difícil salir.

En Japón, una vez terminada la tarea de recolección de desechos sólidos, y por razones de salud ambiental, se demuestra —a través del ejemplo, como un grito silencioso— que, por más que se trate de un vehículo destinado a la basura, este también debe ser bien tratado. Para ello, los camiones son lavados y desinfectados después de la sacrificada labor de los trabajadores que mantienen limpia la ciudad. En este marco, y conociendo la capacidad resolutiva del burgomaestre, es menester que se implemente un sistema de lavado y desinfección una vez concluida la tarea diaria, en el centro de acopio de desechos sólidos.

Pero no solo se trata de una responsabilidad del alcalde y de los empleados municipales. Una de las claves para mejorar la salud emocional de los ciudadanos es la implementación de sistemas más organizados, horarios adecuados y tecnologías inteligentes. Con ello no solo se optimiza la recolección de residuos, sino que también se mejora la calidad de vida de los portovejenses, demostrando que la salud ambiental y la emocional van de la mano en la construcción de ciudades más sostenibles y habitables.

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