Luego de las hostilidades provocadas por el Gobierno norteamericano e Israel contra la nación musulmana de Irán, el estrecho de Ormuz ha tomado notoriedad mundial. 

Este conecta el golfo Pérsico con el mar Arábigo y el océano Índico, con un ancho que varía entre 33 y 60 kilómetros y una profundidad media de 80 metros, alcanzando hasta 200 metros en algunos puntos.

En la costa norte se encuentra Irán, mientras que al sur se ubica la península de Musandam, perteneciente a Omán, con cercanía a los Emiratos Árabes Unidos. Las rutas de navegación están reguladas por un Esquema de Separación de Tráfico (TSS), con carriles de dos millas para entrada y salida, separados por un buffer de igual ancho.

El estrecho de Ormuz es uno de los puntos de estrangulamiento marítimos más críticos del mundo, por donde transita alrededor de una cuarta parte del comercio mundial de petróleo transportado por vía marítima, 20 millones de barriles diarios, además de volúmenes significativos de gas licuado y fertilizantes.

El bloqueo ha provocado un incremento del precio del crudo Brent cercano al 10 %, alcanzando niveles de 78-80 dólares por barril en operaciones bilaterales y, en sus momentos, llegó a superar los 100 dólares por barril. El gas natural también ha registrado aumentos significativos, con subidas de hasta el 40 % en Europa.

El bloqueo ha dejado barcos petroleros varados y ha obligado a navieras a buscar rutas alternativas, como rodear África por el cabo de Buena Esperanza, lo que incrementa los tiempos de transporte y los costos logísticos.

La inestabilidad en la zona ha incidido en Wall Street, afectando la previsibilidad y generando incertidumbre para las inversiones a largo plazo. En este escenario de afectación económica mundial, la apertura del estrecho ha sido uno de los puntos claves para que Estados Unidos haya tenido que sentarse a negociar con la nación islámica un posible acuerdo y poner fin al conflicto bélico que afecta la paz mundial.

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