Así se burlaban de don Eloy Alfaro sus adversarios, pero ellos no comprendían que cada fracaso lo impulsaba a seguir la lucha con más ímpetu y convicción. 

La Revolución Liberal, que culminó el 5 de junio de 1895, tuvo dos protagonistas: Alfaro con su machete manabita y Montalvo con su pluma redentora. Es innegable que aquella ha sido la más grande transformación política que ha tenido Ecuador. Una de las primeras decisiones del gobierno alfarista fue la denuncia del Concordato que había celebrado García Moreno con la Santa Sede. Acabó con el Estado Teocrático e instauró la libertad de cultos y la libertad de conciencia.

La filosofía política de Alfaro está contenida en la Constitución liberal de 1906, en donde están patentes los principios de la Francmasonería que tanto él como Miranda, Bolívar, Sucre, José Marti y José de San Martin habían aprendido del gran precursor de la independencia americana, el generalísimo Francisco de Miranda.

Citemos a continuación los principales valores humanos y políticos que contiene la referida Constitución de 1906:  La separación de la iglesia y del Estado; la igualdad de derechos del hombre y la mujer; el combate al analfabetismo imperante en aquella época, para lo cual fundó algunos colegios normales para la preparación de las maestras y maestros; la creación del Registro Civil, eliminado la potestad que tenía la iglesia para la inscripción de los nacimientos y defunciones en todo el país; la ley del divorcio, que tanto indignó al clero quiteño; la creación del Colegio Militar que ahora lleva su nombre, para la profesionalización de los soldados. En su lucha por la unidad nacional construyó el ferrocarril para unir la Costa con la Sierra. También podemos citar la eliminación del concertaje; la reversión de los latifundios que tenía la iglesia para que pasaran a manos del Estado; la creación de la asistencia pública, lo que ahora es la seguridad social y el Ministerio de Salud.

Por todos estos logros de la Revolución Liberal, el clero y el Partido Conservador de Quito le declararon la guerra, que terminó con el cobarde asesinato del General Alfaro mientras estaba recluido, indefenso, en una celda del penal García Moreno, con sus mas allegados compañeros de lucha. La saña de los asesinos materiales que fueron embriagados previamente no se conformó con arrancarle la vida, si no que sus restos mortales fueron arrastrados salvajemente por las calles empedradas de Quito y conducidos al parque El Ejido, donde sus restos fueron incinerados. Es la Hoguera Barbara descrita por Pareja Diezcaznseco, en su libro magistral.

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