Argentina y Ecuador comparten ciertas similitudes históricas en sus dinámicas políticas, esto propició, en determinado momento, una relación bilateral estrecha entre ambos países, comparable —aunque con matices— al vínculo actual, reforzado en los últimos meses por la participación conjunta de sus mandatarios en lo denominado como Escudo de las Américas en Estados Unidos.

Recientemente, Argentina el 7 de septiembre de 2025 en la elección provincial, opositores del oficialismo obtuvieron la victoria con el 47% de los votos frente al 33% de Libertad Avanza, capitalizando ideas de desavenencia ciudadana, conocer estos antecedentes geopolíticos regionales ofrece indicadores útiles para anticipar posibles escenarios ante los comicios seccionales de este año, ya que podrían servir como termómetro del panorama legislativo y presidencial del 2029, pues solo quien prevé puede diseñar un plan que permita obtener los objetivos que se han definido, y es que consolidar un programa gubernamental con sus políticas económicas, sociales y de seguridad requerirá previsiblemente dos periodos completos, esto, muchas veces independiente de la ideología de quien éste a cargo, y estamos aún en una etapa a criterio personal todavía ‘de transición’ que, aunque los indicadores mejoran y las reformas avanzan, aún hay trabajo que realizar para afianzar la visión país actual.

Y en Argentina, muy seguramente al pesar del gobierno de aquella nación y de sus coidearios, el Pdte. Milei reconoció como era justo: su ausencia de los resultados esperados a nivel provincial, no obstante, recalibrando ciertas medidas que había estado tomando, no claudicó y solicitó ayuda internacional, lo que dio como resultado que el 26 de octubre de 2025 el electorado le devuelva con creces, su apuesta en los comicios legislativos, evidenciando así que una táctica flexibilidad, lejos de ser debilidad, es un instrumento eficaz para preservar un proyecto de largo plazo.

Y aunque sé que Ecuador tomará las decisiones necesarias para consolidar el proyecto que la mayoría eligió democráticamente, nunca está de más aprender que ocurre en la región, y Ecuador tiene hoy lo que Argentina casi pierde: tiempo, y la no menor fortuna de la arquitectura institucional orientada en un mismo sentido, y es que no siempre se aprende por la vía del tropiezo propio, la experiencia ajena, bien observada y asimilada, constituye una forma menos costosa de inteligencia política.

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