A nadie de mi generación extrañará el título de este comentario, que es un tema emblemático del reconocido intérprete Piero; y que a mí, desde mi ladera preocupada, sin dudas, me parece adecuado para desarrollar el contexto de lo que pienso. Porque, de hecho, estamos viviendo momentos excepcionalmente dolorosos en todos los ámbitos, que da la impresión de que el país se muere, porque se muere...
Sin dudas, hay una lucha desigual entre el Estado, representado por un gobierno que no da tregua al crimen organizado, por ejemplo; y este, que se multiplica como una hidra mitológica; y que, mientras, por un lado, se lo castiga, por otro, aparece con nuevas modalidades de terror asombrosamente incontrolables. Lamentablemente, la política, ciencia noble y enriquecedora, es parte del flagelo del que nadie está exonerado; y siempre son los de siempre dinamitando la paz de cualquier manera y al precio que sea, en un accionar infestado; y que, a la vez, sirve para demostrar nuevos casos de trapacería, en un dime y diretes entre la razón y el mal, interminables. Bien dice el afamado escritor y catedrático español Nilbert Bindely: "La corrupción viene de la cabeza, es decir, de la creencia de que el poder corrompe todo".
Y es que, en efecto, todo está podrido, con una abstinencia absoluta de moral que asusta y sorprende, en un Estado que poco a poco ha ido perdiendo su hegemonía y poder para controlar, disponer, solventar o enmendar. Y no se trata, precisamente, de un gobierno débil; porque, sin dudas, la juventud del señor presidente va untada de decisiones inteligentes, cuyos resultados aún están por verse. Porque aquellos que ya hemos visto se diluyen frágilmente ante nuevas arremetidas de la delincuencia imparable.
Tengo fe, por ejemplo, en las buenas relaciones del Ecuador con el país más poderoso del orbe, los Estados Unidos, que en materia de seguridad hay, evidentemente, planes y estrategias específicas para seguir luchando en contra de la criminalidad de puertas para adentro, y de aquella promovida por los políticos, que desean que esta maraña nunca termine de desenredarse, porque son los amantes del caos, del desorden, de la impunidad; y que, mientras más agitado esté el país, gozan perversamente, porque, de hecho, ya jamás volverán al poder. Porque son los enemigos de la patria, que en su turno la saquearon y la destruyeron sin misericordia.
Y qué lástima que a este estado de cosas hayamos llegado. Porque el amor de unos es el odio de otros. Y, en medio de este fragor, la gente sorprendida y con miedo...