La desnutrición infantil en Ecuador es gravísima, incluso peor que en Haití. Y no es una frase política, lamentable y objetivamente hablando es una dolorosa realidad.

De acuerdo con Unicef, la tasa de desnutrición crónica de menores de 5 años en el 2020 fue de 23,1%. El indicador de Haití, el país más pobre de América, está mejor que el ecuatoriano al situarse en el 20,4%.

La desnutrición en Ecuador afecta a uno de cada cuatro niños por debajo de los 5 años. Y si eso duele, indigna más saber que las cifras del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia de la Organización de las Naciones Unidas describen algo escandaloso: pese a los planes ejecutados desde 1993, entre 2014 y 2018 las cifras no bajaron, se incrementaron.

“La desnutrición infantil causa daños duraderos”.

Es decir, el precio de la ineficiencia y la corrupción de los gobiernos incluidos en ese periodo es vergonzoso y delictivo.  
Por eso es necesario, una vez más, exigir que no exista impunidad contra quienes saquearon los fondos públicos.

La desnutrición puede causar efectos devastadores y duraderos: influye en el desarrollo conductual y cognitivo, el rendimiento escolar y la salud reproductiva; así como la productividad laboral en el futuro. En esencia destruye vidas.

El país debe emprender una nueva cruzada, como lo hizo con la vacunación covid-19, pero ahora para enfrentar este mal. El Gobierno lanzó un plan en junio, pero el problema es tan grave que demanda un esfuerzo conjunto del Estado y la sociedad civil.

Editorial de El Diario publicado este lunes 27 de septiembre del 2021 en nuestra edición impresa.