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Es correcto que el Gobierno busque permitir que cada joven pueda elegir la carrera profesional que su vocación le diga, sin que el Estado decida por él.También es destacable que impulse una mayor descentralización y autonomía a las universidades de Ecuador.

Pero, esos dos objetivos no deben hacer que el Presidente y las nuevas autoridades de la Secretaría de Educación Superior, Ciencia, Tecnología e Innovación (Senescyt), pierdan el norte de un eje que es tan fundamental como los dos enunciados: exigir  y lograr calidad.

“El Estado debe exigir altos estándares  educativos”.


Lamentablemente, el producto que entrega la universidad pública y privada en Ecuador, no siempre es el mejor.
Para que exista calidad en la educación superior, es preciso que las universidades  sigan, de alguna forma, rindiendo cuentas académicas al Estado. En el caso de las públicas, incluso administrativas y financieras, porque hay centros de estudio superiores, donde, lamentablemente, el dinero es usado de forma inadecuada, e incluso, algunos cargos, fueron entregados a docentes extranjeros con fines y objetivos ideológicos, antes que académicos.

Si bien la autonomía es necesaria, el Estado no puede abandonar la capacidad de guiar la diversificación académica, exigencia de procesos y estándares de calidad y la emisión de la política general de la educación superior.

Editorial de El Diario publicado este jueves 3 de junio del 2021 en nuestra edición impresa.