Ecuador, uno de los 17 países megadiversos del planeta, posee una riqueza genética invaluable que se expresa en más de 1.300 variedades de plantas nativas utilizadas ancestralmente en la agricultura.

Sin embargo, esta diversidad enfrenta una amenaza creciente: el avance de los cultivos transgénicos y la presión de la agroindustria global.

La biotecnología agrícola ha promovido el uso de organismos genéticamente modificados (OGM) con el argumento de aumentar la productividad y reducir el uso de agroquímicos. A nivel mundial, más de 200 millones de hectáreas se cultivan con transgénicos (ISAAA, 2023), principalmente soya, maíz y algodón. En contraste, Ecuador se mantiene constitucionalmente como un país libre de cultivos y semillas transgénicas, según el artículo 401 de la Constitución de 2008, aunque con excepciones para fines de investigación.

Esta postura ha permitido conservar variedades autóctonas como la papa chola, el maíz morado, el fréjol serrano o el cacao nacional fino de aroma. Según el INIAP, se han identificado más de 400 variedades de maíz nativo, esenciales para la soberanía alimentaria y la adaptación climática. Su conservación no solo es cultural y ecológica, sino estratégica en un escenario de cambio climático y degradación del suelo; la resistencia genética de las semillas nativas es clave.

El desafío reside en desarrollar biotecnología propia que potencie esta diversidad sin sustituirla. Ecuador invierte apenas el 0,4% de su PIB en ciencia y tecnología (Senescyt, 2022), frente al 2,8% de países como Corea del Sur. Urge fortalecer instituciones como el INIAP y fomentar bancos de germoplasma, investigación genómica y sistemas de certificación de semillas nativas.

Además, se deben blindar legalmente los territorios indígenas y campesinos de la contaminación genética y avanzar en normas claras de bioseguridad. La coexistencia entre biotecnología y diversidad no es excluyente, pero requiere soberanía tecnológica y una política pública coherente.

Ecuador tiene la oportunidad de convertirse en un modelo de innovación agrícola basada en la biodiversidad. La resistencia genética de sus semillas nativas no es solo una herencia, es una estrategia de futuro frente a los desafíos globales. Protegerla es una decisión ética, científica y política.

[email protected]