Con optimismo, se conocen los recientes resultados electorales de Perú y Colombia, en donde las poblaciones han decidido ir hacia el liberalismo después de tener gobiernos de izquierda.
El panorama político de Sudamérica muestra un claro agotamiento del modelo estatista. Mientras algunos países siguen atrapados en recetas del pasado, naciones como Chile, Paraguay, Argentina y Ecuador lideran un giro hacia la libertad económica. Este fenómeno demuestra que el Socialismo del Siglo XXI, que hace un par de décadas inundó la región, está perdiendo su hegemonía ante el evidente fracaso de sus políticas.
El socialismo no funciona porque antepone el colectivo al individuo, ahogando la iniciativa privada. En el liberalismo, por el contrario, el individuo es el eje. Es de esta forma que se aprovecha el deseo de superación de cada persona. Esto se traduce en Estados más eficientes, menos impuestos y mayor libertad para emprender, dejando atrás el asistencialismo que estanca a las sociedades.
En general, los países de Latinoamérica requieren cambios profundos que permitan liberalizar las economías para alcanzar el verdadero desarrollo. El estatismo, entonces, no es la mejor opción para alcanzar este objetivo.