Manabí se encuentra en una encrucijada histórica. Con más de 1,6 millones de habitantes, cerca  del 10 % de la población ecuatoriana, una extensa franja costera de más de 350 kilómetros y una  de las mayores superficies agroproductivas del país, la provincia posee condiciones  excepcionales para convertirse en uno de los principales motores del desarrollo nacional. Sin  embargo, el potencial de un territorio no se mide únicamente por sus recursos, sino por su  capacidad para transformarlos en bienestar colectivo. 

La provincia lidera la producción de varios rubros agrícolas y pecuarios, concentra importantes  actividades pesqueras y cuenta con una ubicación estratégica frente al océano Pacífico. No  obstante, persisten desafíos estructurales que limitan su crecimiento, déficit de infraestructura  hídrica, degradación de cuencas, pérdida de cobertura vegetal, baja industrialización, limitada  innovación tecnológica y una marcada vulnerabilidad frente a sequías, inundaciones y eventos  climáticos extremos; A ello se suman brechas en educación, empleo y conectividad vial que  restringen la competitividad territorial. 

A pesar de estas dificultades, Manabí conserva una riqueza que trasciende las cifras. Sus ríos que  descienden desde las montañas para alimentar los valles agrícolas, sus bosques secos que  resisten las estaciones, sus manglares que protegen la vida costera y la perseverancia de su gente  constituyen un patrimonio invaluable. Como un barco que espera el viento correcto para  desplegar toda su capacidad, la provincia reúne condiciones extraordinarias para liderar una  nueva etapa de desarrollo basada en la sostenibilidad, la productividad y la innovación (la  academia debe tener un rol más activo y real no solo en papeles) 

La visión de Manabí 2035 debe construirse sobre una gestión eficiente del agua, la modernización  de la agricultura, el fortalecimiento de la agroindustria, el desarrollo portuario, la economía verde,  la innovación tecnológica y la protección de los ecosistemas estratégicos. Sin embargo, ningún  plan de desarrollo será suficiente mientras la provincia continúe teniendo una representación  política dispersa, con escasa capacidad de incidencia en las grandes decisiones del Estado.  Manabí necesita liderazgos capaces de posicionar una agenda provincial unificada en el escenario  nacional, gestionar inversiones estratégicas y defender con firmeza los proyectos estructurales  que demanda el territorio. El futuro de Manabí dependerá no solo de sus recursos, sino también de la voluntad política para convertir su enorme potencial en una oportunidad de desarrollo  tangible.

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