Lo primero que el elector de hoy debe pedir, quizás exigir, es que cualquier candidato a cualquier dignidad manifieste, con precisión y en pocas palabras, cómo va a llevar a la realidad lo que promete en campaña. Solo este detalle marcaría la diferencia con los procesos electorales de antaño. La velocidad con la que suceden las cosas en el mundo de hoy, la aplicación de la tecnología en la vida normal de la gente, no da espacio para que un político de cualquier jerarquía y nivel nos venga a decir cosas o prometer construir esto y aquello, o enumerar una lista de obras que debe hacer sin mencionar la fuente creíble de los fondos con los que se las podría financiar. Si lo hace, como desgraciadamente es la costumbre, demostraría que no entiende el mundo que se vive, anclaría al pasado la jurisdicción que piensa conducir, daría origen a una nueva frustración colectiva e incrementaría la creencia de que las palabras de los políticos no son para nada creíbles. Así de simple.

El político de hoy podría mirar las elecciones recientes en los países vecinos. Tanto Perú como Colombia escogieron presidentes que prometieron, por ejemplo, combatir con firmeza la delincuencia. Pero prometer, se dirá, lo hacen todos. La diferencia es que dijeron, en palabras creíbles, cómo lo iban a hacer. De la Espriella, el presidente electo de Colombia, ha prometido: «Cero negociación con organizaciones criminales: la prioridad será derrotarlas mediante la acción del Estado. Operaciones militares más agresivas: ha propuesto reanudar los bombardeos contra campamentos de grupos armados. Combate al narcotráfico: plantea destruir cultivos de coca, reactivar la fumigación aérea, fortalecer la extradición y perseguir las finanzas de las organizaciones narcotraficantes». Keiko Fujimori, por su parte, prometió: «Construir cuatro megacárceles de máxima seguridad, una de ellas inspirada en el modelo del CECOT de El Salvador, para recluir a los delincuentes más peligrosos. Recuperar el control de las cárceles mediante la participación temporal de las Fuerzas Armadas y bloquear al 100 % las señales de telefonía e internet», entre lo principal. Como ven, todo lo prometido se puede ejecutar tan pronto asuman el poder.

Algo similar, en cuanto a promesas por cumplir, podrían hacer nuestros políticos. Si no lo hacen, pasarán al olvido y serán un mal recuerdo.

 [email protected]