Existen dos corrientes fundamentales en la interpretación sobre el problema del campesinado en América Latina. Por un lado, los descampesinistas consideran que la agricultura campesina se encuentra sometida a una irremediable descomposición en el ámbito del sistema capitalista, lo cual provocará la proletarización creciente de los sectores campesinos. Por otro lado, los campesinistas consideran que la agricultura campesina permanecerá debido a que posee cualidades internas que le permiten continuar existiendo en el marco de la agricultura capitalista.

La agricultura campesina se caracteriza por la reproducción de la familia en su respectiva unidad de producción (propia, prestada, arrendada u ocupada). El origen de su fuerza de trabajo es fundamentalmente familiar. Admite mano de obra asalariada en cantidades mínimas. Posee una baja intensidad de capital y de insumos para su trabajo. El destino de sus productos no es solo para el autoconsumo, también es parcialmente para el mercado. Sin embargo, su producto marginal es cero pues busca obtener el máximo beneficio a través de la venta del producto total; obtenido el mismo en jornadas de trabajo agotadoras con un alto riesgo de incertidumbre, implicando para sí el "algoritmo de supervivencia". En estas condiciones, los productores campesinos obtienen un producto de trabajo a veces indivisible en su propósito de venta en especie pues buscan sostener un precio. 

La corriente llamada campesinistas o chayanovista, sostiene que la agricultura campesina resistirá los embates del sistema capitalista gracias a la capacidad que tiene el campesino de internalizar en su finca-hogar las presiones externas. Es decir, es una unidad de producción y de consumo cuyo futuro está ligado al equilibrio que debe existir entre el trabajo familiar y sus necesidades reproductivas; esta última solventada a través de un fondo de subsistencia culturalmente definido. En consecuencia, la intensidad del trabajo dentro de la finca-hogar, estará dada según el tamaño y la composición de la familia. 

En contraste, la economía empresarial en el campo busca maximizar la tasa de ganancia y la acumulación de capital. La base de su fuerza de trabajo es asalariada. En el producto final, posee una mayor densidad de capital por activo junto a una mayor proporción de insumos comprados. El destino normal de sus productos es el mercado. 

Conviene tener claro los dos conceptos anteriores cuando se hable del campo y su desarrollo.

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