Existen padres que no solo cumplen con una obligación, sino que construyen vínculos reales. Son los que madrugan, los que se preocupan, los que aconsejan, los que escuchan, aunque estén cansados. Son aquellos que, más allá de las palabras, demuestran con hechos su amor. Y ese tipo de amor, el que se sostiene en acciones diarias, debería valorarse siempre, no solo un día al año.

También es importante reconocer una realidad que no siempre se dice en voz alta: hay madres y padres buenos, pero también hay otros que no lo son tanto. Nadie es perfecto, pero el compromiso con los hijos no debería ser opcional. Ser progenitor implica una responsabilidad que va más allá de las diferencias personales o de las que puedan existir en la pareja. Los hijos no deberían cargar con las consecuencias de los conflictos entre adultos.

En este sentido, cuando existe una separación, el papel del padre no debería disminuir ni desaparecer. Un buen padre, uno que realmente ama a sus hijos, busca la manera de mantenerse presente. La cercanía no siempre depende de vivir bajo el mismo techo, sino de la voluntad de acompañar, llamar, compartir y estar presente. Ninguna circunstancia debería justificar que un hijo pierda el vínculo con su padre o su madre. Tampoco debería existir la manipulación por medio de los hijos.

Los niños necesitan sentir que cuentan con sus progenitores, incluso si estos ya no están juntos. El bienestar de los hijos debe estar por encima de cualquier diferencia. Darles la oportunidad de compartir con ambos es, en realidad, regalarles estabilidad emocional y la seguridad de que son amados. Por eso, en este Día del Padre, más allá de las celebraciones, vale la pena reflexionar al respecto.

Hay que reconocer a esos hombres que, con esfuerzo y dedicación, han construido una presencia valiosa en la vida de sus hijos; a esos padres que, aun en circunstancias difíciles, no se rinden y siguen siendo un pilar.

Y sí, hay madres que también cumplen el rol de padre, pero hoy quiero rendir un tributo a los buenos padres que tiene este mundo, ya sean abuelos, tíos, padrinos o cualquier persona que represente un respaldo incondicional.

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