Digna María Guadamud Molina, a sus 91 años, es un ejemplo de la mujer manabita que, con ímpetu, firmeza y convicción, supo forjar su vida, hogar y personalidad con temperamento y solidez humana.

Sus padres fueron Heleodoro Guadamud (+) y Ana María Molina Vergara (+). Sus hermanos: Jorge Arturo (+), Esperanza (+), Holguer (+), Blanca (+), Heleodoro (+), Leonor y Líder.

Nació en Portoviejo, el 2 de enero de 1935. En su familia hay muchos recuerdos de su vida humana y social. Se conservan los mejores momentos coexistidos, tanto en la etapa docente, donde impartió sabias enseñanzas en el camino de la vida a muchos estudiantes primarios, como en su rol de ama de casa y madre, en la preparación académica e impulso a sus hijos, con moral, corrección y saberes que valieron de mucho.

Digna María contrajo matrimonio con Jaime Enrique Cedeño (+). Estaba a cargo del hogar, como antes las madres eran las dueñas de casa, de manera cualitativa y cuantitativa en la dirección del aprendizaje. Sus hijos son Enrique, Norma, Joffre, Xavier, Patricia, Inés y Piedad.

Todos la conocen en la ciudadela La Paz, lugar donde durante su vida ha coexistido junto a su familia. Mantuvo una buena relación con los vecinos, sin importar la condición social y económica, pero, sobre todo, llena de cariño con las personas, tanto pequeños como adultos.

Se evoca que la familia dirigida por Jaime Enrique Cedeño, junto a Digna María, en la ciudadela La Paz, allá por 1960, tuvo la honrosa tarea de solicitar la creación de una escuela que se llamó Publio Falconí Pazmiño, hoy desaparecida, mediante gestiones con Felipe Saúl Morales, entonces director de Diario La Provincia y director de Educación de Manabí.

Este hecho fue un pedido de los habitantes del sector, que solicitaban un centro escolar para los niños y jóvenes de esa época.

Digna María Guadamud representó la figura matrona de la familia. Irradiaba seguridad, carácter y personalidad en su hogar y comunidad, donde se desenvolvía en lo cultural y social. Junto a Enrique Cedeño, en la parte humana, lo demostraban todos los días, porque su casa no solamente era visitada por familiares, sino también por vecinos que denotaban necesidades, las cuales se suplían dentro de las limitaciones que todos tenían en aquellos tiempos.

Hoy, Digna María aún sigue siendo una persona relativamente muy humana, consciente de dónde venimos, de la coexistencia y de la identidad. Es un claro ejemplo de fortaleza y dignidad, características de la mujer manabita. Comparte la idea de Liza Minnelli, actriz de cine, de que en estas edades lo que queda es la alegría, la de verdad, la que no persigues, sino que reconoces, atesoras y agradeces; la experiencia es una ventaja y uno sigue aprendiendo y escuchando.

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