Durante décadas, Estados Unidos fue el estandarte del sueño occidental, del progreso tecnológico y del consumo como sinónimo de éxito.

Sin embargo, ese imperio que prometía oportunidades para todos hoy muestra sus fisuras, no fue una potencia extranjera quien debilitó su estructura, sino su propia élite, que sacrificó la industria nacional en el altar del beneficio propio.

Desde que China se incorporó a la Organización Mundial del Comercio en 2001, la economía estadounidense ha visto cómo su balanza comercial se inclinaba peligrosamente. En 2023, el déficit comercial de EE. UU con China fue de 279,4 mil millones de dólares, una cifra alarmante, aunque ligeramente inferior a años anteriores. A lo largo de las últimas dos décadas, se ha acumulado un déficit superior a los 4,5 billones de dólares en esta relación bilateral. ¿Qué significa esto? Mientras que Estados Unidos consume, China produce, crece, e invierte en infraestructura, salud y educación para su población.

Las élites estadounidenses, mientras tanto, trasladaron millones de empleos a Asia para abaratar costos, el resultado ciudades industriales vacías, salarios estancados desde los años 90, y una clase media golpeada que sobrevive a base de crédito y dopamina digital. En paralelo, el 1% más rico controla más del 35% de toda la riqueza nacional y el 0,01% posee casi una cuarta parte. La democracia estadounidense ha sido cooptada por quienes desayunan en áticos neoyorquinos mientras el país debate sobre muros y enemigos invisibles.

El lujo, ahora expuesto como farsa por los propios fabricantes chinos, deja ver un modelo basado en aspiraciones huecas de marcas, no se trata de proteger fronteras, sino de recuperar el sentido de comunidad y justicia; No es hora de una guerra, sino de una revolución moral, la redistribución de la riqueza y la recuperación del valor del trabajo son más urgentes que nunca.

Porque un imperio no cae por culpa de otros, cae cuando olvida a su propia gente y quizás, como humanidad, también sea hora de despertar, el despertar de la sumisa Latinoamérica.

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