De manera consistente, durante algunas semanas, he estado levantándome a las 5:00 a.m., a veces diez minutos antes o después. Este retorno, ahora con mayor madurez, a una rutina de antaño, se siente reconfortante. 

Aristóteles decía que es bueno levantarse antes del amanecer, porque tales hábitos contribuyen a la salud, la riqueza y la sabiduría. En lo personal, este cambio de rutina me ha permitido abandonar hábitos que me robaban tiempo y energía: dormir tarde y pocas horas, el "scrolleo" nocturno y matutino, el consumo excesivo de café, las bebidas azucaradas para recobrar energía, vivir en apuro constante, postergar actividades o depender del ruido. Hoy, ese tiempo lo destino a organizar una alimentación más consciente, a la educación, al aprendizaje de un idioma, a la lectura y al cuidado del cuerpo. 

Esta vez el cambio se siente real. Y, aunque resulte curioso, decidí documentar el proceso en una cuenta de Instagram. Pensé que, en el momento en que quisiera ceder, me detendría la idea de no fallar a quienes observan o leen mi contenido. Así encontré una mezcla de valentía y atrevimiento para empezar. Aún tengo dudas. Estoy experimentando. Pero ya está en marcha. 

Comenzar el día antes de que amanezca es, en sí mismo, un lujo silencioso. Una forma de habitar la calma. Esto se refleja en las acciones: menos reacción, menos necesidad de demostrar o justificar. Hay más productividad, sí, pero también más ritmo propio. Se ejecuta más, con menos fricción y sin la ansiedad constante. He comenzado un comienzo, como escribe Hervé Le Tellier. Y en esta apertura ya no caben los errores del pasado. Quiero habitar el presente, como propone el Zen. Marco Aurelio lo expresó con claridad: "Cuando te levantes por la mañana, piensa en el hermoso privilegio que es estar vivo: respirar, pensar, disfrutar y amar". No hay razón para postergar el potencial, la creatividad ni el virtuosismo. Es ahora.

Mientras el sistema nos distrae de nuestro centro con la propaganda, la politiquería, el escándalo y el exceso, elegirse a uno mismo siempre será la decisión elegante y correcta; la primera hora de la mañana reivindica el ánimo, la convicción y el amor por uno mismo. Robin Sharma habla del poder primitivo que albergamos en nuestro interior: el talento, la mente, la fe y el heroísmo innato, que debemos potenciar, para dejar la adicción a la distracción, eliminar las excusas, experimentar la belleza del cambio y obtener resultados que pocos pueden experimentar. No puedo obviar que este hábito, además, me conecta con mi abuelo, quien cuando era joven fue arriero, época en la que empezaba sus días a las 4:00. Hoy ya roza los 100 y sigue amando las madrugadas. 

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