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La ministra de Inclusión Económica y Social de Ecuador, Mae Montaño, hace encaje de bolillos para con un limitado presupuesto dar respuesta a las acuciantes necesidades sociales agudizadas por la pandemia, y para ello ve indispensable la colaboración internacional.

“La cooperación internacional tiene que venir en auxilio”, sostiene en entrevista con Efe la responsable de dirigir esta cartera conocida como el MIES.

Por delante tiene uno de los retos más difíciles que se ha fijado el Ejecutivo de Guillermo Lasso: combatir la pobreza y el hambre.

HAMBRE Y PROBREZA

Y es que al iniciar su mandato el 24 de mayo, el mandatario ecuatoriano prometió acelerar la vacunación masiva para reactivar la economía, pero también ampliar la red de protección social existente en la nación andina para sumar en ella a una mayor población vulnerable.

“La pandemia nos ha dejado nuevos pasivos económicos y sociales. Las cifras que nos entregan las multilaterales son de 1,4 millones de nuevos pobres que se sumaron a los ya existentes, una gran presión a la política social”, explicó en su despacho situado en el complejo gubernamental del sur de Quito, cuyas oficinas de atención al público estaban repletas.

En Ecuador 1,4 millones de personas se encuentran en estado de gran vulnerabilidad y son beneficiarias de la red de protección social del MIES, y otro medio millón reciben algún tipo de asistencia social articulada por el Ministerio y organizaciones cooperantes.

A esas cifras se suma la de 2,3 millones de ecuatorianos en inseguridad alimentaria. “Como decimos, tienen hambre”, aclara por si hay algún atisbo de dudas, la ministra esmeraldeña, que cuenta en su haber con una larga trayectoria política y como líder para la inclusión social de la población afrodescendiente en el país.

La crisis sanitaria provocada por la covid-19 tuvo un impacto social muy fuerte en Ecuador y conforme a las estimaciones registra en la actualidad “800.000 nuevos pobres extremos por la pandemia”, una situación mucho más compleja que requiere de ayuda urgente.

Consciente de las limitaciones financieras, Montaño tiene como meta poder llegar a 400.000 familias en situación de vulnerabilidad que incluyen tanto a ecuatorianos como personas en situación de movilidad humana, con la ayuda de diferentes sectores.

¿EXISTE FINANCIAMIENTO?

Con un presupuesto aproximado de 1.600 millones de dólares, del que en torno al 85 % se destina a los bonos sociales, ahora renombrados “transferencias monetarias”, el MIES dispone de 200 millones en la cuenta para mantener el resto de la red social de apoyo a las familias vulnerables.

Al asumir el cargo afirma haber encontrado “un hueco de financiamiento” de unos 300 millones de dólares, más compromisos y deudas con organizaciones cooperantes, que se han podido subsanar en gran medida gracias al financiamiento internacional, al menos para poder continuar la gestión este 2021.

“Lo que hicimos fue iniciar y profundizar nuestros diálogos con la cooperación internacional”, recalca antes de referirse a que “la confianza que genera el Gobierno y el liderazgo del presidente abre puertas”.

El ministerio social ha mantenido encuentros con todo el sistema de la ONU, la CAF, el Banco Mundial, FAO, con la UE lo hará esta semana, a fin de dar a conocer los planes y proyectos en marcha, y explicar las necesidades.

En la agenda figuran tres iniciativas: “Ecuador sin hambre”, para atajar la inseguridad alimentaria a partir de los dos años de edad con un techo de dos millones de beneficiarios, continuar con el plan “Bono Prospera” de transferencias monetarias que incluye a 400.000, y por último el programa en ciernes “Yo Mujer” para empoderar económicamente y fomentar la inclusión social de la población femenina.

PROYECTOS EN MARCHA

A la espera de que se concrete la ayuda internacional, el MIES no espera para sacar adelante sus proyectos.

De momento, está involucrando al sector privado y productivo, ONG, sociedad civil y gobiernos locales para llegar a los puntos donde más es necesaria la asistencia, como es el caso de los sectores remotos o poblaciones donde la mala nutrición o la desnutrición crónica están a la orden del día.

“Hemos dado la primera patada oficial con la primera donación de un millón de vasos de leche de parte de la asociación de ganaderos de la Sierra y Amazonía”, se congratula al poner de manifiesto que a medida que se consiguen apoyos, “alimentamos el programa, vamos haciendo camino al andar porque el hambre no espera”. EFE