Las investigaciones desarrolladas por la Policía Nacional, los exámenes del Centro Forense y la colaboración de familiares permitieron corroborar la identidad de dos de los muertos hallados enterrados en el patio de una vivienda (usada para torturas y asesinatos) en El Florón 3, en Portoviejo, Manabí. La confirmación científica determinó que los restos corresponden a Carlos Alberto Segarra Figueroa y Jessica Juleyka Pico Loor, quienes estaban desaparecidos desde el 19 de junio de 2026 tras salir en motocicleta desde la ciudadela Vicente Véliz. Las acciones policiales iniciaron luego de las denuncias presentadas por sus allegados, conectando este hecho con la búsqueda de otros dos ciudadanos extraviados en otros sectores de Portoviejo.

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En el terreno de la vivienda allanada se realizó un gran despliegue de agentes de la Policía para la búsqueda de las víctimas enterradas. - El Diario

El origen de la investigación y la pista principal

La desaparición de la pareja desencadenó un rastreo a cargo de las unidades especializadas de la Policía Nacional. Aunque las denuncias sobre las cuatro personas desaparecidas se receptaron en fechas distintas y en diferentes sectores de Portoviejo, las pruebas recolectadas indicaron un mismo destino para las víctimas. La línea de investigación llevó a los agentes hacia una casa hecha de caña y madera ubicada en la parte alta de una loma de la ciudadela El Florón 3, en la parroquia Andrés de Vera.

Esta casa de torturas está a pocos metros frente al centro de salud de El Florón y aproximadamente a un kilómetro de distancia de la ciudadela Vicente Véliz, lugar donde la pareja desaparecida fue vista por última vez. Con esta información consolidada, los uniformados coordinaron un allanamiento en la propiedad para verificar si efectivamente allí estaban los cuatro desaparecidos que estaban buscando.

Hallazgos en la propiedad y fosas clandestinas

Durante el operativo que se realizó el miércoles 22 de julio de 2026, los policías ingresaron a eso de las 08h30 a la vivienda construida de caña, madera y zinc. Al revisar los interiores, constataron que la casa estaba deshabitada, pero observaron manchas secas de sangre en paredes y pisos, lo que evidenció el uso de la estructura para cometer torturas y asesinatos contra las personas que eran llevadas retenidas al sitio.

Ante estos indicios, los uniformados extendieron la inspección al patio exterior de la vivienda, detectando tres áreas con tierra removida. Al excavar en los puntos señalados, los agentes desenterraron varios cadáveres sepultados clandestinamente. Los análisis preliminares determinaron que dos cuerpos estaban esqueletizados, mientras que un tercero conservaba algo de piel, situación que obligó al traslado inmediato de los restos hacia el centro forense para iniciar el proceso de identificación.

La pestilencia de una chanchera ocultaba el olor de los muertos

Un elemento relevante dentro del expediente judicial es la ubicación de un criadero de cerdos a pocos metros de la casa de torturas. Según se indicó, probablemente la presencia de la chanchera permitía disimular los olores emanados por la descomposición de los cuerpos y la sangre. Debido a la intensidad del olor de los animales y del estiércol, la actividad ilícita pasó desapercibida para los vecinos del sector durante meses.

Para descartar la existencia de más entierros ilegales en los alrededores, las unidades policiales desplegaron una búsqueda de más de ocho horas. Los agentes utilizaron palas, picos y el apoyo de un dron para sobrevolar la loma, concluyendo que no había más fosas en la zona intervenida. Posteriormente, el personal de Medicina Legal realizó el levantamiento oficial y la transportación de las evidencias al laboratorio forense.

Proceso de peritaje y exámenes de ADN

En las instalaciones del Centro Forense de Portoviejo, los especialistas aplicaron protocolos técnicos avanzados para determinar la identidad de los fallecidos. Debido al estado de deterioro de los restos, los profesionales recurrieron a peritajes antropológicos para fijar rasgos físicos y posibles causas de muerte mediante el estudio minucioso de la estructura ósea y los tejidos conservados.

A la par, los técnicos efectuaron exámenes genéticos de ADN, tomando muestras de los restos para cotejarlas con los mapas biológicos aportados por los familiares que buscaban a sus allegados. La coincidencia de estos análisis científicos permitió certificar que dos de los cuerpos correspondían a la pareja desaparecida el 19 de junio de 2026, aportando certezas dentro de la investigación que se mantiene abierta.

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Carlos Alberto Segarra Figueroa y Jessica Juleyka Pico Loor estaban desaparecidos desde el 19 de junio de este año. - Redes

Decisión oficial y antecedentes en la zona

Frente a la gravedad de los hechos descubiertos, el coronel Hugo Amores, jefe del Distrito de Policía Portoviejo, anunció el día del allanamiento que se procederá a la demolición completa de la vivienda. La medida busca inutilizar la infraestructura para impedir que organizaciones delictivas vuelvan a emplear el inmueble como centro clandestino de retención, tortura y vigilancia dentro de El Florón.

Esta clase de procedimientos no es nueva en la localidad. Años atrás, las fuerzas del orden y personal militar destruyeron una construcción similar en las partes altas de El Florón, donde capturaron a miembros de una banda criminal. Aquella edificación sobre la loma se utilizaba como punto de vigilancia estratégica para monitorear el desplazamiento de los patrulleros y alertar sobre los operativos policiales en la zona.

A esta misma organización criminal se atribuye la tortura, asesinato y entierro de las víctimas halladas en la loma de El Florón 3. Las investigaciones siguen en marcha para dar con el paradero de los asesinos.