Con el crecimiento exponencial de mi terruño han advenido un sinnúmero de nuevos comercios que apuestan con riesgo por sus emprendimientos, abriéndose paso en una ciudad con sombras de metrópolis, pero con el corazón de una cándida ciudad en desarrollo. Intuyo que Portoviejo es el ejemplo universal de que, de las desgracias —me refiero al terremoto de 2016—, se puede generar el renacimiento que solo la resiliencia puede procrear.

Las cafeterías se han convertido, de manera general, en catedrales con confesionarios; en un espacio seguro que suplanta al consultorio del terapeuta, donde los amigos comparten lo que pesa para entender que no estamos solos en este bucle digno de Sísifo.

Entre postres, café de especialidad, luces tenues bien pensadas, bossa nova en el ambiente (terciopelo para el oído), sonrisas de complicidad y miradas entre sorbos de un capuchino: ¿existe algo más íntimo que una hiperglucemia compartida?

Los tiempos se han vuelto acelerados; muchas noticias violentas a veces nos obligan a quedarnos dentro de casa por temor, pero ¿un cafecito conversón no es meritorio como un bálsamo para la aridez del día a día?

En Chile, la gente celebra la famosa "Once", que es la versión ecuatoriana de la merienda, pero con la particularidad de que no se come pesado, sino que más bien parece un segundo desayuno. Compartir la once es un ritual donde cada comida tiene su platillo: uno para la mantequilla, otro para la mermelada, otro para el queso laminado, otro por allá para el jamón; un recipiente para el azúcar, un cofrecito para el té, un canasto para panes de agua y termos (uno para el agua caliente y otro para la leche). La familia y los invitados se reúnen y no solo comen, sino que conversan y se ponen al día.

¿Qué clase de encantamiento tiene este espacio humano de compartir alimentos dispuestos de cierta forma, sin dejar de mencionar al emulador de una "ayahuasca" cotidiana que encarna una taza de buen cafecito hecho con manos y mentes hábiles?

Un espacio donde se han tomado decisiones importantes, como la que escucho por casualidad en la mesa de al lado: «No pienso aplicarme el bótox; si bien es cierto que arregla tu rostro, te arrebata un envejecimiento digno y natural».

Un espacio donde las personas escriben correos que cierran tratos; otros son emails de amor o donde libros renombrados se están gestando.

Celebro las cafeterías, donde los amigos se reúnen, los amantes se aman más y donde escribir se hace más sencillo, como si no existiera gravedad alguna.

¿Ahora se entiende que el café es un acto rebelde de resistencia?

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