Los treinta años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, Europa occidental experimentó un crecimiento sin precedentes en países como Francia e Italia. Fue un rápido ascenso en los niveles de vida que cambió los modelos de consumo de sus habitantes. Los salarios se incrementaron rápidamente en el marco de un Estado benefactor.
El Plan Marshall significó una transferencia total de 13.300 millones de dólares para la asistencia económica y técnica en la reconstrucción de Europa occidental entre 1948 y 1952. Dependiendo del año base para el cálculo en dólares actuales, la cantidad aproximada total sería de 135.000 a 180.000 millones de dólares. Los mayores beneficiarios fueron Reino Unido, Francia y Alemania.
En el caso de España, antes del año 1959, la peseta española no era convertible y el régimen económico gubernamental era deficitario. España recibió de la Unión Europea, desde su ingreso el 1 de enero de 1986, más dinero que todos los países europeos involucrados en el Plan Marshall. Un aproximado de 228.000 millones de euros, acumulados en fondos estructurales, ayudas agrícolas y subvenciones.
Si bien el Estado español ha transferido en pagos al presupuesto de la Unión Europea cerca de 140.000 millones de euros, su saldo real neto sobrepasa los 88.000 millones de euros. Buena parte de estos fondos se usaron para modernizar el país: carreteras, infraestructura hídrica, tren de alta velocidad y generación de empleo mediante el apoyo y modernización del sector agrícola.
Durante los años como miembro de la Unión Europea, España ha sido un receptor neto de fondos comunitarios, con un promedio del 0,8 % de su PIB, el cual se ha multiplicado por siete durante los 40 años de permanencia.
El franquismo había condenado inicialmente a España a la autarquía económica, pero a partir de 1959, bajo el mismo régimen de Franco, el país se abrió a la inversión extranjera en el marco de los cambios que estaban ocurriendo en Europa.
El incremento notable del turismo generó una mayor circulación y acumulación de capital. Además, millones de emigrantes españoles en países como Alemania, Francia y Suiza enviaban sus remesas a España. La industrialización prosperó impulsada por políticas estatales e inversión privada, lo cual estimuló el crecimiento de las ciudades en el contexto de apertura a los mercados mundiales.