En tiempos pasados reinaba la desigualdad, el discrimen; es decir, la injusticia social. La población se dividía en nobles y plebeyos; imperaba la monarquía absoluta, que incluso llegó a sostener el origen divino de los reyes. Esto ocurría en la mayoría de los pueblos europeos, inclusive en Asia y la India. 

Frente a estos regímenes ominosos, se levantaron la voz y la pluma de grandes escritores, poetas, dramaturgos y compositores. En Inglaterra, William Shakespeare irrumpe con su drama Romeo y Julieta, que pone en evidencia aquella diferencia de clases; en Argentina, el tango Cambalache fue una voz de protesta que no ha perdido vigencia, a pesar de que han transcurrido cien años. Sarcásticamente, su autor, con sobra de ironía, dice en una de sus estrofas: «El que no afana es un gil»; es decir, el que no roba es un tonto. 

En Lima, el compositor Enrique Pinglo y Alva creó su célebre canción titulada El plebeyo; grita su inconformidad cuando, en una estrofa, protestó cantando: «Mi sangre, aunque plebeya, también tiñe de rojo». En Venezuela, Andrés Eloy Blanco compone su poema convertido en canción Angelitos negros: «Aunque la Virgen sea blanca, píntame angelitos negros, que también se van al cielo todos los negritos buenos».

En Ecuador irrumpe Juan Montalvo al publicar su obra magna Los siete tratados, en la cual destacan el Tratado del amor y el Tratado de la nobleza. Luego de combatir a quienes creían que la nobleza deriva de la riqueza y el señorío, concluye diciendo: «Que la verdadera nobleza es la nobleza del alma, la nobleza del espíritu, la nobleza de la generosidad, del desprendimiento y del amor al prójimo».

La antítesis de la nobleza es la vileza, que significa maldad, atropello, el predominio del fuerte contra el débil, del rico contra el pobre y el menesteroso; es el abuso del poder que, a veces, utilizan para perseguir al adversario y violentar las normas de convivencia pacífica.

La vileza es maldad, mezquindad, egoísmo, intolerancia y quemeimportismo; el vil no respeta la dignidad humana, se cree invulnerable; nadie se atreve a frenar sus abusos ni su orgullo imperial. Pero la historia nos demuestra que todos estos tartufos, tarde o temprano, caen en forma estrepitosa. Recordemos la Revolución de las Alcabalas y el 28 de mayo de 1944, que dio al traste con la férula arroyista y conservadora. La marcha de los forajidos, que acabó con el gobierno de aquel que se decía el más leal al Gobierno de Estados Unidos.

En Ecuador está rigiendo la viveza criolla de aquellos que no desperdician ni una oportunidad para enriquecerse impunemente.