Los operativos en Europa y países de Latinoamérica, como Ecuador, demuestran que el narcotráfico funciona como una corporación global y, con esa misma lógica, debe enfrentarse.

Por tanto, la lucha contra este flagelo de la sociedad global no debe centrarse en los países productores y de tránsito mientras las naciones consumidoras centran menos esfuerzas en reducir la demanda y perseguir las economías que sostienen este negocio criminal.

La contaminación de contenedores con droga es una acción de un entramado transnacional que aprovecha cadenas logísticas, sistemas financieros y vacíos de cooperación judicial. Los cárteles no reconocen fronteras y diversifican operaciones para mantener el flujo de cocaína hacia mercados altamente rentables. 

La corresponsabilidad internacional exige que los mercados consumidores fortalezcan la prevención del consumo problemático y ataquen con mayor firmeza el lavado de dinero. 

Así, la cooperación entre aduanas, policías y fiscalías es indispensable, pero debe acompañarse de compromisos políticos equivalentes. El combate al narcotráfico exige esfuerzos comunes, pues los esfuerzos aislados terminan por fortalecer este ilícito negocio.