Han pasado once años sin que avance un nuevo componente del Plan Hídrico de Manabí (PHIMA).

Ese estancamiento resulta inaceptable, como también el silencio de todas, absolutamente todas, las autoridades de la provincia frente a un tema decisivo para su futuro.

Las autoridades provinciales y nacionales deben abandonar la inacción y volver a colocar el avance de esta política pública entre las prioridades. Sin agua suficiente, la provincia pierde competitividad, limita su desarrollo y condena a miles de familias a convivir con la escasez.

El PHIMA nació para enfrentar un problema histórico. Manabí no dispone de ríos alimentados por deshielos, por lo que se diseñó, desde la antigua CRM, una planificación para desarrollar obras multipropósito que garantizaran agua potable, riego, control de inundaciones, generación hidroeléctrica y protección ambiental.

Proyectos como Poza Honda, La Esperanza, Río Grande, los canales de riego y los trasvases forman parte de esa visión. Sin embargo, varias etapas permanecen inconclusas y otros proyectos continúan esperando financiamiento. Tras la desaparición de la CRM, el impulso institucional del PHIMA perdió continuidad y las nuevas obras prácticamente se detuvieron.

Prefecto, alcaldes, asambleístas, gremios, universidades y sociedad civil deben recuperar una agenda común para impulsar las etapas pendientes en Chone y proyectos como Jama, Ayampe, Olmedo, Coaque y otros. Manabí no puede resignarse a administrar la escasez. Recuperar el PHIMA debe volver a ser una causa provincial.