La impresionante conflagración suscitada en la rada del puerto de Manta nos muestra lo descuidado que está nuestro país en una de las facetas más importantes de la seguridad nacional, como es la prevención y protección contra incendios.
Sucedió lo que pudo ser evitado, de haber una concienciación mayor sobre las responsabilidades institucionales, como es la prevención. No se trata de hacer leña del árbol caído, pero sí de recordar las obligaciones que implican las funciones o representaciones que se ostentan.
Mucho más —y especialmente— las que corresponden al Estado, al Gobierno nacional en este caso, obligado a planificar, asesorar, programar y proyectar las obras requeridas por sus instituciones para su mejor desenvolvimiento y eficiencia, así como solventar las necesidades que se presentaren.
En el caso específico del puerto de Manta, ¿cómo se explica que, siendo un punto geográfico importante en el mercado marítimo internacional y el primer puerto pesquero del país, no cuente con naves especiales para combatir incendios? Por su carácter oficial, dos entidades públicas están involucradas en su conducción y control: Autoridad Portuaria de Manta (APM) y Capitanía del Puerto, respectivamente, recayendo en la primera las obligaciones administrativas de la institución.
Pero su condición de estar parcialmente concesionado a la empresa chilena Terminal Portuario de Manta (TPM) amplía la incógnita sobre las responsabilidades en torno a la protección del puerto. ¿Qué ha impedido que se cuente con ese recurso defensivo, imprescindible para la seguridad del mismo y de la gama de barcos que pagan por utilizar su rada, atracando en el muelle y/o anclando en su mar?
Es conocido que los puertos marítimos y los aeropuertos cuentan con personal y sistemas propios de extinción de incendios, lo que es lógico por la naturaleza de sus objetivos. Entonces, ¿dónde están los del puerto de Manta?
La acción del Cuerpo de Bomberos del cantón sirvió para mostrar, una vez más, la denodada entrega de sus miembros en el cumplimiento de su misión, pero debilitados para operar en el mar. También debería estar preparado y aprovisionado para ello.
Entonces, por necesidad cierta, hay que determinar al responsable de la seguridad marítima. Y, si es compartida, la ocasión llama a organizarse dentro de su propio terreno, pero de manera coordinada. ¿Será esto una quimera?