Una niña británica, quien actualmente tiene 12 años, fue sometida de manera errónea a seis rondas de quimioterapia y múltiples procedimientos agresivos, luego de que un equipo médico del Hospital Infantil de Bristol le diagnosticara equivocadamente una afección autoinmune.
Al momento del diagnóstico erróneo, la menor tenía cinco años de edad. La negligencia prolongada por siete años postergó el tratamiento adecuado para su verdadera condición genética degenerativa.
El primer diagnóstico de la niña
La situación médica comenzó cuando Christina Condon, de 36 años, notó que su hija, Faye Condon, no corría ni saltaba con la misma destreza que los demás infantes de su entorno.
Esta preocupación motivó las primeras consultas que derivaron en un diagnóstico de dermatomiositis juvenil, patología caracterizada por severas erupciones cutáneas y debilidad generalizada en el sistema muscular.
La madre, residente en la localidad de Plymouth, manifestó dudas constantes sobre el dictamen clínico e instó a los especialistas a efectuar exámenes adicionales para descartar otras patologías. Sin embargo, la insistencia familiar no modificó el esquema terapéutico pautado por el centro asistencial de Bristol.
Como consecuencia, la niña fue sometida a seis rondas de quimioterapia, inyecciones en casa y una biopsia muscular que resultaron totalmente infructuosas.
La administración de los fármacos oncológicos continuó de manera regular bajo la premisa médica de frenar el supuesto avance del trastorno autoinmune.
Enfrenta otra condición médica
La rectificación del caso ocurrió tras el traslado de la menor al Hospital Great Ormond Street, una institución de alta especialización infantil situada en Londres.
Los nuevos estudios genéticos determinaron que la menor padece distrofia muscular de Emery-Dreifuss tipo 2, descartando por completo el escenario autoinmune previo.
Según los registros clínicos de la Clínica Mayo, esta variante de distrofia constituye una alteración genética de carácter permanente que no tiene cura, causa rigidez y debilidad muscular permanente.
El retraso en la identificación del cuadro clínico impidió que la niña recibiera terapias orientadas a preservar su movilidad durante las etapas iniciales de la enfermedad.
Pusieron sus "vidas en pausa"
Actualmente, la niña está en silla de ruedas, un estado que pudo haberse acelerado al no recibir el tratamiento adecuado.
Esto ha generado un hondo impacto en su familia, que alteró sus planes de vida a largo plazo por las terapias erróneas.
"Si hubiéramos tenido el diagnóstico correcto hace siete años cuando Faye podía caminar, podríamos haber ido de vacaciones y habernos divertido más con ella antes de que estuviera en silla de ruedas", declaró Christina Condon en una entrevista concedida a la agencia de noticias SWNS.
La progenitora concluyó con un reclamo a los protocolos de atención: "Pusimos nuestras vidas en pausa porque siempre nos dijeron que ella iba a mejorar".
