La pizza hawaiana, odiada por muchos y amada por otros, es el resultado de la cocina fusión.

Se trata de una receta que surgió en Canadá en 1962, de la mano del cocinero Sam Panopoulos, y que hoy se replica en diversos países del mundo.

El contraste de sabores que ofrece la mezcla de elementos dulces y salados sobre una base de trigo le han hecho ganar mucha popularidad. 

La base del sabor: Masa y salsa

El éxito de una pizza hawaiana reside en la estructura de su base. Para una unidad mediana se requieren 250 gramos de harina de trigo, 150 ml de agua tibia, 5 gramos de levadura seca, una pizca de sal y un chorrito de aceite de oliva.

El proceso comienza mezclando los ingredientes secos y añadiendo el agua gradualmente hasta formar una masa elástica que debe reposar, al menos, 45 minutos a temperatura ambiente para permitir la fermentación.

Mientras la masa duplica su tamaño, se prepara la base líquida. Es fundamental utilizar salsa de tomate natural, preferiblemente tamizada para evitar excesos de humedad que puedan ablandar el pan. Se recomienda condimentar con orégano seco y una pizca de albahaca para realzar el perfil aromático antes de entrar al horno.

Para el ensamblaje, se extiende la masa sobre una superficie enharinada buscando un espesor uniforme de 0.5 centímetros. Una vez colocada en la bandeja, se distribuye la salsa de forma circular, dejando un margen de dos centímetros en los bordes para formar la característica corteza dorada tras la cocción.

Selección de ingredientes y horneado

El relleno tradicional exige productos de calidad para mantener el equilibrio. Se deben alistar 150 gramos de queso mozzarella rallado, 100 gramos de jamón de pierna cortado en cubos o tiras y 80 gramos de piña natural troceada. Es un dato técnico relevante que la piña debe estar bien escurrida para evitar que el jugo interfiera con el derretimiento del queso.

El orden de colocación influye en la textura final: primero se esparce el queso de forma generosa, seguido por las láminas de jamón y, finalmente, los trozos de piña.

Luego se introduce la preparación en un horno precalentado a 220°C durante un tiempo estimado de 12 a 15 minutos. El indicador de que la pizza está lista es el aspecto del queso, que debe presentar burbujas y un ligero tono tostado.

Finalmente, tras retirar la pizza del calor, se recomienda dejarla reposar por dos minutos sobre una rejilla. Esto permite que los jugos de la fruta se asienten y la masa recupere firmeza, facilitando el corte en porciones triangulares exactas sin que los ingredientes se deslicen de la base.