Actualizado hace: 2 horas 11 minutos
Bernardo Avellán Vélez
De Dios y la Constitución

Es significativamente distinto “hablar de Dios”; todo mundo puede hablar de Dios como si de una obra de teatro se tratara, como si de un concepto tangible se refiriera, algo que tenemos que enunciar porque nos lo dicta la mente natural o nuestra embrionaria conciencia humana.

Viernes 31 Octubre 2008 | 20:52

Dios está de moda en la boca de los hijos pródigos, todos lo proclamamos mal o bien: los ladrones, las prostitutas, los hechiceros, los que roban, los que se hacen ricos con las guerras que destruyen pueblos inocentes; los que engañan a los mismos creyentes, los que se embriagan, los que renuncian a su original sexualidad; en fin, lo proclamamos abiertamente, como lo hicieran los apologistas de la razón y la dialéctica. Se tejía la puesta oficial por parte de la Asamblea Constituyente el nombre de Dios en la Constitución del Estado, para acreditar –con raras excepciones- los desacreditados documentos oficial del Estado, como se lo hacía en el pasado cuando se refrendaba: “Dios, Patria y Libertad”. Clara actitud de hipocresía moralista, en un sistema donde imperan los dobles discursos, la corrupción administrativa, la malversación de fondos públicos, que enriquecieron a unos pocos, siendo aquello, ya, una manifiesta afrenta al Creador del Universo. Poner o no el nombre bendito de Dios en la Constitución no era la cuestión de fondo; tomemos el caso de Uruguay, una de las naciones más cultas de América, esencialmente laica pero profundamente tolerante y respetuosa de lo referente a Dios. Lo esencial y trascendente es mantener una actitud mental y espiritual positiva, honrando al omnipresente en el corazón, en nuestra mente y conciencia, en cualquier lugar que uno se encuentre, y no en un papel firmado que a la postre terminará por archivárselo o echárselo a un tacho de basura. Cuántos decretos se ejecutaron en nuestro país con fines perversos, con leyes excluyentes y hambreadoras que maltrataron a los más desposeídos, y todo fue hecho y promulgado en gobiernos que se auto denominaban cristianos. A la sociedad ecuatoriana, en general, lo que le falta es una mayor concienciación respecto a su ser interno; estamos como a la deriva espiritual, sin una guía que nos de la luz que nos aparte de las tinieblas de la inconsciencia; una educación fundamental e integral que nos eduque en lo mental y espiritual, para cambiar nuestra forma errónea de pensar y actuar. El Creador otorgó sabiamente al hombre razonamiento, sabiduría y fortaleza; una mente y un espíritu para tener el poder de cambiar nuestro porvenir, poder para transformar el dolor en gozo y todo evento nefasto que nos vaticinan las profecías; poder de hacer esta tierra un paraíso, convirtiéndola si se quiere en el estrado inmejorable del mismo cielo. "Mayor concienciación respecto a su ser interno"
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