Actualizado hace: 1 hora 3 minutos
Erwin Valdiviezo S.
Seguridad para todos

Yno solamente para un sector: eso es lo que reclama Manabí, donde las estadísticas de violencia por muertes, asaltos y robos asustan, dado que vamos pasando del escenario de la delincuencia común a la violenta o a la que no mira siquiera la vida para imponer sus condiciones.

Martes 28 Octubre 2008 | 22:03

Lo de Manta últimamente o lo de Chone, el Carmen, Olmedo, Pedernales o Santa Ana (por violencia “regular”) son una muestra de lo que ha estado ocurriendo en la provincia; donde la falta de planes regulares de seguridad han comenzado a pasar una factura tan dolorosa como cruel, pues no sólo hay que mirar la estadística del crimen sino la afectación a tantos cientos de familias, que al perder a seres queridos o bienes también se frenan en la posibilidad de aportar al crecimiento regional. Pero hay que entender (y ojalá así lo sientan las autoridades) que no deben darse más coyunturas en los planes de seguridad; esto quiere decir que no debe ser que por los reclamos de una ciudad como Manta, que se anuncie la llegada de un grupo de “intocables” uniformados para que haga un trabajo de “limpieza”, que puede terminar en dos días o un mes, y luego todos a sus casas; porque eso significaría que luego de un tiempo la “delincuencia” también se reorganice y vuelva a sus actividades, con lo cual muy poco se habría ganado, pues por las características del puerto y Manabí lo deseable es que los grupos especiales de uniformados se instalen de forma permanente para seguridad y garantía de toda la comunidad. Tampoco es justo que se incremente el numérico de policías para una ciudad quitándole a otra, o llevándose puestos de reacción rápida de un lugar a otro, pues lo que se hace es debilitar a algunos lugares, como en el caso de Portoviejo, que tanto ha reclamado por mayor seguridad, y que ahora, por los repuntes de muertes y asaltos en otros cantones, tiene que ver disminuido su porcentaje de uniformados y equipos lo que la puede volver una ciudad vulnerable. Nuestra representación y autoridades deben comenzar a ver el problema de inseguridad de forma estructural, pues no es desconocido que la mala educación, la falta de trabajo, el casi ningún incentivo al desarrollo productivo, o la falta de inversiones, desestimula a buena parta de la población que ve en lo “fácil” de la delincuencia una oportunidad para vivir o subsistir. Claro que también la expansión de los mercados de droga y la “necesidad” de dinero fácil tienen en los jóvenes a sus más numerosos adeptos y termina siendo el “caldo de cultivo” para la violencia y afectación, pero si nuestra dirigencia tiene la idea clara debe entender que es en esos escenarios en los que hay que trabajar para cambiarlos por oportunidades de progreso y desarrollo. Entonces, no es el cambio de jefes policiales o el mayor número de hombres en una ciudad lo que va a erradicar los problemas, deberá ser la aplicación de planes y políticas de largo aliento lo que estimulará a nuestras comunidades a ser más productivas y menos violentas; y para ello nuestros representantes deben entender que a más trabajo y oportunidades menos posibilidad de seguir renegando por tantas muertes y violencia, que ojalá terminen por la vía de asumir cada uno de nosotros lo que nos corresponde en materia de seguridad. "Hay que aplicar planes y políticas de largo aliento"
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