Actualizado hace: 8 horas 22 minutos
Jorge Mosquera P.
Manabí autonómico

Estamos a las puertas de un nuevo referéndum. La Constitución se redacta a la medida –ojalá sean las medidas del país y no del movimiento Acuerdo País- Montecristi espera en representación de todos. A ver si esta vez tenemos suerte. Dicen que la manía de confeccionar constituciones a la medida delata al populismo. No deben ser sino malas lenguas que desconocen el compromiso a muerte que tiene nuestro presi con no dejarnos morir de hambre.

Viernes 16 Mayo 2008 | 19:03

Desde la perspectiva de la ciencia política vivimos, o hemos pretendido hacerlo, en un estado democrático; esto es, en un estado en el que el grado de participación ciudadana en la generación de las normas jurídicas y en su aplicación, es importante. Aún sin saberlo estamos de acuerdo en que así ha de funcionar el Estado. Ahora bien, desde el punto de vista de la distribución del poder, dice la ciencia política, el Estado puede organizarse situando cuotas de poder en relación al territorio: el estado unitario y el estado federal son las expresiones antípodas. A mitad de camino entre el unitario y el federal están las autonomías. En esta opción de división del poder existe una sola Constitución que articula a un estado centralizado en algunos aspectos, pero con una fuerte tendencia, debidamente armonizada en la Constitución, a delegar funciones no solo administrativas, como sucede en el caso del estado descentralizado, sino competencias gubernativas, legislativas y por supuesto políticas. Al final del proceso autonómico, las provincias solas o juntas se convertirán en unidades territoriales con creciente poder administrativo, jurisdiccional y político. Como es del caso hacer notar, el problema a la hora de dibujar el nuevo estado ecuatoriano es el conocimiento de esta teoría política que señala los caminos que pueden transitarse. Se trata de repartir el poder político, no sólo las competencias administrativas. En esa perspectiva, muchos ciudadanos preocupados por el tema, convencidos de que la opción autonómica es la forma de estado que mejor se acomoda a las aspiraciones de desarrollo sostenido y sustentable, hemos escrito al respecto, desde nuestras trincheras cotidianas y anónimas, desde hace ya muchos años. Pensamos que la opción autonómica debe constar en la carta fundamental como una opción cierta, debidamente estructurada y posible. Provincias como Guayas han tenido el coraje de entender y de aceptar el reto de la transformación. Nosotros, debilitados por nuestras propias limitaciones estamos, como en las autonomías, a mitad de camino entre el quemeimportismo suicida y la dependencia estéril. ¡Cuando haremos ruido por algo que realmente importa y vale la pena! "Se trata de repartir el poder político "
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