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Tony Touma Álvarez
Los malos impuestos

Todo gobierno necesita sostenerse con los impuestos. Los pueblos tienen que cooperar con el impuesto para sostener al gobierno. Ningún gobierno podría sustentarse sin los impuestos; sería imposible hacer obras públicas sin ellos.

Sábado 03 Mayo 2008 | 17:27

Los gobiernos necesitan de la cooperación de todos los ciudadanos para poder realizar todos sus programas de acción, empero tenemos que reconocer que hay impuestos justos y también impuestos injustos. Resulta injusto sacar dinero de las pobres bolsas de los trabajadores para sostener el zanganismo burocrático que favorece a los ricos. Los ricos de todos los países de la América Latina en una u otra forma están relacionados con los monopolios de las grandes potencias extranjeras. Estas potencias dominan totalmente la minería, el algodón, el café, madera, azúcar, frutas, petróleo, etc. Es también sabido que los ricos pueden dominar indirectamente, por medio de inversiones, empréstitos, créditos, compra de valores y certificados de participación; transportes terrestres, aéreos y marítimos, y sociedades de seguro. Los millonarios extranjeros obtienen beneficios extraordinarios de las empresas de los estados que gobiernan a los países subdesarrollados. El capital de los gobiernos en cuestión de intereses siempre garantiza enorme interés de los préstamos, pagos de certificados de participación o bonos que expiden esas empresas del Estado a favor de los poderosos millonarios extranjeros. Los ricos nacionales y los ricos extranjeros se apoyan mutuamente y saben muy bien qué es lo que hay que hacer en cada caso. Ciertas potencias extranjeras eligen en secreto el candidato a la presidencia que mejor le conviene en cada uno de los países, y los pobres pueblos van a las urnas inocentemente, engañados por los líderes asalariados de la política local. Los ricos han metido dentro del aparato burocrático, o mejor dijéramos, dentro de la colmena burocrática, ciertos zánganos que no producen y así consumen y perjudican. Lo más grave es que dichos zánganos son alimentados y sostenidos en sus puestos con el dinero de pobres trabajadores.
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