Actualizado hace: 3 horas 34 minutos
Víctor Muñoz Quezada
De las cenizas de Alfaro

Con la construcción de “Ciudad Alfaro” se dará espacio al monumental mausoleo, en cuyo sarcófago que se ha previsto se depositará una parte de las “cenizas” que serán traídas desde el cementerio de Guayaquil.

Viernes 09 Noviembre 2007 | 23:02

Al respecto, hay disenso respecto del destino de las “cenizas” y procede hacer inferencias al respecto. De acuerdo con José María Vargas Vila en su libro “La muerte del Cóndor”, publicado en 1914, dos años después del horrendo degollamiento, descuartizamiento, arrastre e incineración en El Ejido, y de lo que quedó de los seis cuerpos calcinados en la lúgubre tarde del 28 de enero “…un puñado de cenizas que manos piadosas recogieron de las hogueras…” fue enterrado al día siguiente en el cementerio de San Diego (Quito). En 1921, a las “cenizas” de Alfaro se las trasladó al mausoleo levantado en su honor en el cementerio de Guayaquil (se asegura también que hay cenizas en el sarcófago que está en custodia de la municipalidad de Montecristi en los bajos de su edificación). Otros, en cambio, arguyen que de los restos calcinados no quedaron ni cenizas, por cuanto: a.) el torrencial aguacero que cayó en el infausto día, con los restos se hizo “lodo batido”; b.) por la presencia de perros hambrientos que se disputaban “las presas”; y, c.) por el pateo de los restos realizados por las alcoholizadas y demenciales turbas de fanáticos asesinos prácticamente no dejaron rastro alguno de despojos humanos. Es que el fanatismo religioso “…no se satisfizo con la inmolación… sino que fue menester cortar en trozos los cadáveres, triturar los huesos, destruirlos en la hoguera y aventar las cenizas” (Eloy Alfaro y sus victimarios, José Peralta, pág. 352). Por lo expuesto, no habría restos en los sarcófagos… (¡!) No obstante, la falta de los cadáveres o de las cenizas no reduce la estatura universal de los mártires del Ejido, porque ellos simbolizan la quintaesencia de la heredad del país que está ávida de justicia, libertad, progreso y bienestar. Es que el legado libertario se asemeja a las enseñanzas divinas dejadas por Jesucristo a todos sus seguidores y creyentes, no obstante que su tumba está vacía. Es que existen hombres de tal trascendencia histórica como Eloy Alfaro que, aunque físicamente no estén con nosotros, su ejemplar legado permanecerá por siempre como aura tutelar, patriótica y de iluminación de las nuevas generaciones. La memoria de Alfaro nos llega en la hora presente para contribuir a reflexionar sobre nuestras vidas, para explicarnos las razones de la crítica situación presente; y para darnos esperanzas de cambio por un mejor mañana en base a una mayor democracia y participación. La revolución iniciada por Alfaro, que está inconclusa, debe ser retomada como un patrimonio de insurgencia de todos los pobres de la patria, que son la mayoría, porque al hacerlo, estaremos rindiendo el homenaje y reverencia que se merece el “Viejo Luchador” y su impoluto legado por conquistar la libertad del oscurantismo, el sojuzgamiento, la miseria, el atraso y la marginación. Más, sobre Alfaro y la “Refundación del Ecuador” ingresando a la web www.ticsdemanabi.net
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