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FORMACIÓN
Abuelos prematuros

El otro día entré en una oficina y miré hacia donde una amiga que siempre irradia luz y optimismo. Pero aquel día estaba apagada… me acerqué y vi sus ojos hinchados de llorar. Me dijo sin preguntar ¡Mi hija esta embarazada!

Martes 06 Noviembre 2007 | 19:53

Para los padres, escuchar eso de nuestra hija adolescente, es abrumador, doloroso e incomprensible. Experimentan una serie de reacciones que pueden ir desde la irracionalidad y violencia hasta la perturbación estupefacta, pasando por la culpabilidad de preguntarse ¿qué hice mal? Pero no sólo genera el conflicto interno de cada padre o madre, también genera el conflicto familiar. No faltará quien culpe al otro, como si el embarazo de su hija se debiera a algún error que han cometido en su rol alguno de los padres. ¡Si no le hubieras dejado salir tanto! ¡No debiste confiar tanto en ella! etc. Pero lo que si es claro es que cualquier reacción que tengamos no estará exenta de la decepción, tristeza y preocupación. Porque de un día para otro, nuestra niña, la que veíamos crecer, resulta que ya no es nuestra niña; sino que de golpe y porrazo se convirtió en mujer y para colmo en madre. Y por supuesto, pensamos que ahora tendrá que asumir una responsabilidad para la que no está preparada. Para la que nosotros como padres no la preparamos, porque la pensábamos, estudiante, profesional y luego mamá. Probablemente, ésta sea la más difícil de las situaciones que podemos vivir como padres de hijas adolescentes. Es tan decepcionante porque los padres vivimos otra vez a través de los hijos, tanto nos proyectamos que a veces olvidamos que es la vida de nuestra hija o hijo y no la nuestra. Y que por tanto vivirá sus propios errores y aciertos, que no podrá cumplir nuestras aspiraciones y sueños porque sin duda él o ella tendrán las suyas y ahora les tocará enfrentar lo que viene ¿Terminará la secundaria? ¿Podrá ir a la universidad? ¿Conseguirá trabajo? Todas son preguntas que nos quitan el sueño. Lo que si me queda claro, es que después de los días de llanto, decepción y tristeza que como padres vivimos, debemos comenzar a pensar que nuestra hija nos necesita, quizá ahora más que nunca. Entonces conviene reconocer nuestros sentimientos y trabajar sobre ellos para poder aceptar y apoyar a nuestra hija. Si necesita ayuda para aceptar los sentimientos que le genera esta situación, hable con alguna persona de confianza o busque ayuda profesional. Un tercero neutral puede ser un excelente recurso en un momento como éste. Pero la verdad es que al final, cuando pasa la tormenta, cuando ya el niño nace, siempre genera una inmensa sensación de amor que superará todas las penas anteriores.
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