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Bernardo Avellán Vélez
El resentimiento social

El resentimiento social no tiene nacionalidad, género, posición social o económica; es el nefasto resultado de la carencia de amor en el hombre o la mujer desde los mismos amaneceres de su existencia, que van acrecentándose, si no existe a tiempo una directriz que rectifique el accionar del individuo, positivamente.

Domingo 04 Noviembre 2007 | 20:54

Ya lo dicen los venerables maestros del saber, el hombre jamás termina de aprender y conocerse a sí mismo, y en medio de esta manifiesta ignorancia del ser vamos haciendo de la preciosa vida una existencia amarga e infeliz. Vivimos una época de cambios acelerados, que muchas veces impactan nuestra embrionaria alma humana, que alteran profundamente la naturaleza social del individuo; una era en que podemos palpar la rápida desintegración familiar, caldo de cultivo para que se incube la violencia, los conflictos y la falta de autoestima y amor hacia el prójimo. Cuando los seres humanos olvidamos nuestros nobles compromisos con los eternos principios de convivencia humana, comienza un proceso de desintegración de la sociedad, que conlleva a la corrupción de nuestros actos, a la desvergüenza y a la irresponsabilidad social. Esta crisis global se caracteriza por una interminable galería de lacras sociales, como la que acabamos de ver en España, contra una emigrante latina, una compatriota; violencia urbana que lesiona los principios más elementales de convivencia, al punto de provocar álgidos conflictos que involucran muchas veces a pueblos enteros o naciones. Hemos visto y leído como este pobre individuo, un perfecto resentido social, creyéndose quizás “un súper hombre”, considerado ciudadano del “primer mundo”; vejó, martirizó y recriminó a una compatriota, cuyo único pecado es no ser española, sino una emigrante latina ecuatoriana. Esta ciudad de soberbia e ignorancia humana ha llamado la atención de toda Europa y en particular de nuestro gobierno ecuatoriano que se siente lesionado por la burda acción del joven ibérico. Este nefasto ejemplo de intolerancia y carencia de amor propio, a veces también lo reflejamos los ecuatorianos por diferentes aspectos de nuestra misma naturaleza humana: maridos que cortan la mano a sus mujeres, la apuñalan, la desnaturalizan; hermanos manabitas que se matan por destajos, políticos resentidos y desestabilizadores que no entienden que los pueblos necesitan cambios profundos; funcionarios corruptos que no piensan más que en sus bolsillos e intereses. Pero no todo es negativo, existen muchos hilos de luz que trabajan silenciosamente por el desarrollo moral de la humanidad, señales positivas que nos dan la esperanza de que la humanidad, algún día, podrá superar esta negra etapa de decadencia social global: Pero para eso se necesita alguien que sea superior al mismo hombre.
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