Actualizado hace: 3 horas 33 minutos
Enrique Delgado Coppiano
Apoyo a los microempresarios

Para nadie es un secreto que la mayor aspiración de los hombres y mujeres ecuatorianos es conseguir un trabajo estable y equitativamente remunerado. Sobre todo los profesionales jóvenes sienten en carne propia que esto es casi una quimera. Las cifras oficiales señalan que del PEA (población económicamente activa), que llega a cuatro y medio millones de ecuatorianos existe una desocupación entre el 12 y 13 por ciento, pero no hay que ocultar que de este porcentaje el 48 por ciento se mueve en el sector de los sub ocupados, cuyas labores son autónomas y en gran parte también ocasionales.

Sábado 03 Noviembre 2007 | 19:57

Para lograr la subsistencia diaria encontramos entonces a un gran porcentaje de ecuatorianos en el denominado sector informal, que lo conforman obreros, trabajadores agrícolas, vendedores ambulantes, amas de casa que trabajan en el tiempo que sus ocupaciones lo permite, agentes a comisión que luchan por un salario mínimo, expendedores informales de comidas preparadas, jóvenes y hasta niños que suben a buses de transporte a vender dulces y a ofrecer cantos, acróbatas que en las esquinas solicitan una contribución por unos malabares, y así por el estilo. Muchas entidades están tratando de bajar estos índices ofreciendo ayuda a microempresarios de diversa índole, entre los cuales ya están muchos de los que hemos arriba descrito, especialmente los vendedores ambulantes y los expendedores de comidas preparadas. Lo que queremos expresar es que estos microempresarios ya laborando, requieren urgentemente de capacitación, organización, ordenamiento y créditos para mejorar su actividad que es lo único que saben hacer y de lo cual depende la subsistencia de su familia. Para un vendedor de tortillas y corviques, su canasto es su capital y su medio de vida, como para el carretillero lo son su fogón portátil, sus ollas y sus utensilios, y para el vendedor ambulante, su pequeña vitrina o mostrador de exhibición. Por lo tanto las ordenanzas y disposiciones legales tienen que estar encaminadas a fijarles a ellos las normas dentro de las que deben realizar su actividad, pero jamás reprimirlos, pues eso es lanzarlos a la desocupación, a la desesperación y hasta empujarlos a la delincuencia. Por todo lo dicho, Ministerio de Bienestar Social, Concejos cantonales, organizaciones no gubernamentales y entidades de los Derechos Humanos, tienen que emprender una campaña conjunta para que el ciudadano común cuya actividad está dentro de la informalidad descrita, no se vea atropellado en sus derechos a la subsistencia y más bien se le otorguen las garantías para que honradamente ganen el pan de cada día.
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