Actualizado hace: 7 minutos
Rolando Fabián Zambrano Andrade
La globalización de los virus

No solo las guerras son las únicas armas de destrucción individual o masiva de seres humanos; las enfermedades también han sido aliadas en diezmar poblaciones, como de las que se tiene registro: la viruela (300 millones), el sarampión (200 millones), pandemia de gripe (80 millones), la peste negra (75 millones), VIH (30 millones), La plaga de Justiniano (25 millones), tifus (5 millones), el cólera (3 millones), la malaria, el dengue, la AH1N1, y ahora la alerta mundial con el coronavirus.

Domingo 09 Febrero 2020 | 04:00

 
Algunas de estas pandemias, se especula, han sido creadas en laboratorios. Otras versiones señalan que son trasmitidas por animales a humanos. Lo cierto es que de donde provengan, han hecho mucho efecto en la población humana mundial, que al movilizarse sirve de vehículo de transmisión, esta es la paradoja de la globalización.
Lo peor de este tipo de virus que pueden convertirse en pandemias, es que la medicina no está preparada para enfrentarlos, por eso se activan ciertos protocolos, los cuales no bastan para enfrentarlos, o como se dice en lenguaje virtual, se ponga en cuarentena, más aún en países como el nuestro que adolece de infraestructura y capacidades tecnológicas-científicas para enfrentarlas.
Lo descrito de por si manifiesta la vulnerabilidad a la que estamos expuestos, sin tomar en cuenta que somos los mismos humanos que nos diezmamos entre nosotros. Aquí es donde cabe o no cabe esa suerte de extinción que llevamos consigo la especie humana, ya que el poder recurre no solo al sometimiento mediante la guerra, sino utilizando otros mecanismos que no son fácilmente identificables. 
Qué nos hace falta para tomar conciencia que, si queremos seguir habitando este planeta, primero debemos admitirnos que todos debemos tener la posibilidad de hacerlo, que no sigamos minando las bases naturales y materiales para la sobrevivencia humana, ya que ninguna medida de las hasta ahora ensayadas se han implementado con la fuerza suficiente que nos permita no seguir infringiendo los daños que de paso no son solo de afectación humana, sino del planeta. Tampoco hay que ponerse apocalípticos para tener una explicación sencilla y dejar las soluciones a las lógicas creyentes. 
Lo que necesitamos es una comunidad humana cercana al Manifiesto Convivialista, donde cabemos humanos y no humanos en esta la única casa que tenemos.
 
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