Actualizado hace: 4 horas 34 minutos
Solón Pinoargote Sánchez
Procedimientos inadecuados y vergonzosos

Miércoles 11 Diciembre 2019 | 04:00

La historia de la humanidad, según se conoce, se encuentra plagada de actos ejecutados por el hombre que hoy en día avergüenzan al género humano, como la venta de esclavos en la edad antigua. Las Cruzadas en el siglo de la Luz (XIII), que a pretexto de recuperar Tierra Santa, la tierra prometida, los ejércitos cristiano y musulmán propiciaron una mortandad total; las dos guerras mundiales en el siglo pasado, cuya finalidad siempre fue la de expandir los dominios de los ejércitos hegemónicos; y por supuesto la traición de Judas Iscariote a Jesús, etc. son los que pintan como hechos más relevantes en la historia de la humanidad.

Obviamente la situación actual es diferente, puesto que estos hechos ahora se reducen a prácticas discordantes como la felonía con implicaciones de traición y deslealtad, cuya autoría la ejerce el felón, que unida a la zalamería astutamente disimulada, se han convertido en el arma mortal de los súbditos de las diferentes regiones del orbe. 
En nuestro medio, actos como los señalados pululan, es una práctica común que hacer o decir lo contrario es poco menos que un gran avance moral, toda vez que la ética, entendida en términos castizos, se halla en estado de agonía. Lo admirable de estas vilezas que deshonran y desacreditan es que vienen desde quienes deben dar ejemplo de conducta y buen vivir. Me refiero básicamente a los tres poderes del Estado, Legislativo, Ejecutivo y Judicial. Muchas veces hemos sido, y somos aún, el hazmerreír, dentro y fuera de los linderos patrios.
Violar el texto constitucional, al igual que mentir, traicionar y abochornar al país, no es ninguna novedad en el Ejecutivo. Decidir en contra de norma escrita preestablecida en nuestro ordenamiento jurídico, y hacer persecución política a los asambleístas afines al expresidente Correa, para la mayoría imperante de asambleístas atendiendo órdenes de Carondelet, no es novedad; y finalmente, la Función Judicial, hemos retrocedido en más de diez años, pues, tanto la atención al usuario como en el despacho de las causas, dejaron de ser ágiles y oportuna, y no se diga de la versación jurídica del juzgador, ya que cada día se vuelve más nefasta dictando autos interlocutorios salidos de contexto sin ningún soporte constitucional ni legal.
Frente a este tipo de conducta que atenta contra la marcha institucional del país, los actores deben meditar que más allá de ser contraproducentes tales acciones, nosotros somos meros transeúntes en la administración pública, por lo que, por donde caminemos, debemos dejar sembrada una huella de ejemplo y de bienestar ciudadano.
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