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Fiestas y tradiciones
Fiestas y tradiciones
Por: Childerico Cevallos
chcevallos@eldiario.ec

Domingo 22 Septiembre 2019 | 04:00

En Portoviejo, con motivo de las acostumbradas, promocionadas y tradicionales fiestas de veneración a la Virgen de la Merced, quien es matrona del cantón y de otros lugares más en el país, anualmente se programa actividades varias para celebrar esta festividad religiosa.

La tradición viene desde los padres de nuestros padres, décadas que se pierden en la memoria de nuestra niñez - que en mi caso ya es decir bastante -, cuando, con mayor fe que la actual, nuestros progenitores nos llevaban al Rosario de la Aurora, a las misas, a la siempre grandiosa procesión y al paseo por las calles del circuito Pedro Gual, Ricaurte y las que rodean el todavía parque central Vicente Amador Flor, que por su cercanía a la iglesia La Merced era el eje concentrador popular.
Por el respeto a la religión, a la creencia, la costumbre era la ley que asumían los gobiernos nacional y local para hacerlo un día cuasi obligatorio de descanso. La afluencia masiva de personas lo apuraba.
Mas, posteriormente, con los gobiernos cambiantes y la llegada de nuevas y complejas creencias, fueron disminuyendo entendimiento y facilidades para su celebración.
Recuerdo cuando al inicio del gobierno del extinto y discutido político León Febres Cordero, su primer gobernador en Manabí, desoyendo pedidos de suspensión de las labores, dispuso draconianamente que se trabaje el día de la Virgen, el 24 de septiembre. 
Seguro de su mando, sorpresa fue para él y sus subalternos llegar ese día y encontrar cerrada con candados la puerta principal del edificio de la gobernación. Una gran estampa de la Virgen de la Merced adornaba la entrada, sellándola. Logró ingresar a su despacho por el lado de la Intendencia, que daba a la calle Sucre.
Explicación: el prefecto de la época era de la Izquierda Democrática, tendencia política contraria al régimen.
Resultado: pobre asistencia de empleados públicos al trabajo, ausencia completa de los trabajadores municipales y del consejo provincial. Y gran afluencia de personas a la programación elaborada.
En posteriores años hubo un variado comportamiento en la celebración de esta fiesta religiosa, con altos y bajos que de alguna manera satisfacían a la comunidad total de tener facilidades para el festejo.
Varios mecanismos han facilitado el diálogo que ha permitido llegar al entendimiento entre autoridades para el desarrollo ordenado y feliz de esta costumbre, arraigada muy dentro del corazón del ciudadano. Esperemos que este año no se presenten distanciamientos  entre Gobierno y tradición.
 
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