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El martirio de los días
El martirio de los días
Por: Víctor Corcoba Herrero

Martes 04 Diciembre 2018 | 04:00

Al igual que cada generación necesita explorarse, verse en su cultura, responderse a sí mismo, asumir responsabilidades, sentirse algo en la vida, ya sea como protagonista o servidor, también requerimos un trabajo donde ganar el pan con dignidad.

No hay mayor martirio que la ociosidad por mandato. El talento hay que transformarlo en genio, y tampoco tenemos otro modo de hacerlo, que injertando decencia en la labor. No interpongamos más penurias en el camino de la vida. Como derecho y deber, el mundo laboral no debe dejar a nadie en la exclusión, inclusive aquellos con discapacidad deben salir y demostrar que pueden trabajar. 
Impulsar la justicia social, promover la consideración entre culturas, son asignaturas pendientes entre los humanos de todos los países y nacionalidades. Lo importante es reconocer en el análogo parte de nuestro futuro, sin obviar a nadie, de manera que ninguno quede rezagado en una esquina ante nuestra indiferencia, a la espera de que los Estados practiquen más los espacios de humanidad, y, de esta forma, la concordia tome carta de ciudadanía.  Hay que mover corazones, desde luego que sí, nos hace falta ser más justos. Prioritario escuchar la voz de los que lloran desesperados, ponernos a su lado, acompañarles y protegerles de tanta frialdad que nos asiste en el camino. 
Bien es verdad que, en ocasiones, somos una auténtica contradicción entre lo que decimos y lo que realmente hacemos, con la consabida degradación del espíritu humano, tan necesitado de paz y amor. Sabemos que el uso, la explotación o la posesión de los recursos naturales, algunos tan necesarios y básicos como el agua, pueden desencadenar guerras; sin embargo, apenas hacemos nada por activar la punició al derroche.
Lo mismo nos sucede, con esa legión de devotos del dios soborno, dispuestos a cualquier cosa con tal de arrebatar poder. Frente a tantas coacciones injustas, la dignidad no parece estar más que de palabra en los foros. Y esto es grave, gravísimo, en la vida de las gentes. 
El horizonte puede ser muy negro, pero es con el esfuerzo y la constancia del trabajo como se pueden remediar los males. Esta pobre gente que ha perdido la honradez cometiendo injusticias y cohechos, lleva consigo no el dinero que ha obtenido, sino sólo la falta de decoro y seriedad que todos nos merecemos por el hecho de vivir.
Precisamente, la corrupción es esto, es no jugar limpio y ganar el pan con la bajeza del engaño. Ciertamente, nos preocupa esta atmósfera inhumana, tan mortecina como desesperante en nuestro diario existencial, pero aún así, es posible florecer, a poco que fortalezcamos la capacidad estadística y aprovechemos el potencial de las nuevas tecnologías.
Ojalá se produzca la operación revuelta, tan deseada por algunos ciudadanos del mundo, y se activen oportunidades para todos. Los pobres necesitan salir de la pobreza y dignificarse. Quizás los ricos también necesiten salir de su riqueza y solidarizarse.
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