Actualizado hace: 34 minutos
Réplicas
Nostálgicos por las réplicas en miniatura de la casa de los abuelos

La bacinilla debajo de la cuja no puede faltar. Tampoco el petate, la tenaza ni el soto. Todo está en su puesto, hasta el molino.

Martes 11 Septiembre 2018 | 11:33

Se trata de réplicas de antiguas viviendas, de caña, que eran la mayoría en la zona rural de Manabí en las románticas décadas del siglo pasado.

Ahora estas casas de los abuelos vuelven a tomar forma en las manos de Víctor Moreira, un carpintero y artesano que, invadido por la nostalgia de aquellos tiempos, decidió recrear esas casas donde se crió con sus abuelos y también la de los vecinos, a las que iba de visita cuando se realizaban los velorios y las alzadas del Niño Dios.

Moreira, quien empezó en la carpintería junto a su padre, el famoso “Negro Salvico” que hizo casas en toda la provincia, un día, lleno de una paciencia de enamorado no correspondido pero optimista, empezó a darle forma a los maderos de laurel, los hizo mini pilares y así fue creando la primera casa.
Se inspiraba en la que había pasado sus mejores años de la niñez. Una vez que completó los pilares, vinieron las paredes con caña y después incluso se dio el trabajo de conseguir cade para poner el techo y así no hiciera calor.
Interior. Cuando ya estaba lista se alegró, pero sintió que aún faltaban esos elementos propios de ese tiempo y entonces, con precisión de cirujano, tomó un cincel y fue haciendo mini machetes, la cuja, que era como le llamaban en ese tiempo a las camas. También el bunque y la maceta, para pilar café y arroz.
Además, el infaltable caballo y el perro, fieles colaboradores del hombre del campo.
Moreira ya no paró y siguió, hizo al mismo agricultor acostado en su hamaca luego de la agotadora jornada, y por si fuera poco le instaló electricidad a la casa para que los focos pudieran encender y allí sí, vio completo todo lo que había en la década de 1970, cuando fue feliz.
Alegres. Cuando las personas vieron su primera vivienda, con todos esos elementos, quedaron fascinadas y algunos le pidieron que les hiciera una como la que mantenían en sus recuerdos.
Víctor menciona que el caso más reciente fue el de una señora, ahora con dinero, que le pidió una que tuviera hasta al loro “Pepito” que criaban en ese tiempo.
Cuando se la entregó, ella no pudo contener las lágrimas, pues los recuerdos le llegaron de golpe al ver nuevamente la casa de sus grandes añoranzas y el travieso loro colgando de una de las vigas. 
Dice que cada vez que mira rostros iluminados por la emoción, cree que su trabajo valió la pena.
Moreira, quien sigue en su labor de carpintero haciendo casas de verdad, tiene su taller en Andrés de Vera, por el callejón de Plaza Quil; hasta allí llegan quienes conocen de su talento a realizarle encargos.
La mayoría, dice, son trabajos personalizados y le piden réplicas de la casa en la que alguna vez vivieron. Cada trabajo cuesta entre 200 y 250 dólares, y las  réplicas son del mismo material de las verdaderas. Dice que incluso el precio es el mismo, pues en ese tiempo una vivienda costado 6’250.000 sucres (más de 200 dólares). Menciona que esta labor demanda de mucha constancia, pero le gusta y lo relaja.
Cada vivienda requiere un mes de elaboración y trabaja en la mañana y, si es necesario, en la noche. Cada detalle toma su tiempo. También hace réplicas de casas actuales, incluso las de urbanizaciones.
Asegura que su aspiración es poder participar de alguna exposición de productos manabitas en ferias, pero indica que aunque ha solicitado, hasta ahora no le dan un cupo, aduciendo que tiene que cumplir con una serie de requisitos.
Aún así seguirá trabajando, pues cada vez más personas quieren una réplica de este tipo de casas.
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