Actualizado hace: 1 hora 46 minutos
Alerta global por superbacterias

Los dos hijos de Vicente Salazar Soledispa, un profesor universitario oriundo de Jipijapa, no tienen amígdalas.

Lunes 12 Febrero 2018 | 11:00

 La decisión de hacerlos operar la tomó luego de que las infecciones se tornaran recurrentes y no les hacían efecto los medicamentos. Tiempo atrás, él había hecho lo mismo con las suyas. “Constantemente se les llenaban de pus, les dolía la garganta y, pese a las medicinas recetadas, no mejoraban. Pensé que podían tener más complicaciones”, recordó Salazar, máster en Administración de Empresas. Lo acontecido con Salazar y sus hijos es algo que se ha vuelto común, en Ecuador y otros países.

Alerta. Un informe del Banco Mundial del 2016 advirtió que la expansión de las superbacterias; es decir de aquellas que han ‘aprendido’ a defenderse de los medicamentos, podría costar 100 billones de dólares a nivel global y empujar a la pobreza a unos 28 millones de personas. Todo esto, para el 2050.

Con estas cifras desalentadoras de por medio, los especialistas no hacen sino confirmar que la situación es compleja y deben tomarse correctivos urgentes.

Ángel Ramírez es médico especializado en Biología Molecular. Desde su experiencia de más de 25 años asegura que el problema tiene su origen, muchas veces, en malos hábitos. “Las personas toman los antibióticos como si fueran caramelos, se automedican y no cumplen la prescripción tal como ha sido recetada por el especialista”, dice Ramírez, que ha dedicado gran parte de su vida a la investigación.
La consecuencia de esta mala costumbre es que la bacteria no muere, sino que se fortalece y, más aún, es capaz de transmitir esa fortaleza a otra generación de bacterias, lo que las vuelve resistentes a los medicamentos.
“La bacteria aprende a defenderse, a sacarle el cuerpo al medicamento, lo inutiliza. Es como una especie de entrenamiento para volverse resistente”, señala el especialista.
Para él, lo más recomendable es fortalecer, mediante vacunas, el sistema inmunológico, pues “la ciencia se ha olvidado de que no solo podemos defendernos con antibióticos”, explica.
De acuerdo con sus previsiones, para el año 2020, el 50% de las medicinas que se apliquen en el mundo van a ser de origen biológico; es decir, producto de la manipulación genética de células vivas. “Lo que sí debo aclarar es que serán caras”, indica.
El médico Mauricio Palacios es profesor de Microbiología de la Universidad Técnica de Manabí y también es parte del departamento de Infectología del hospital público Verdi Cevallos Balda de Portoviejo. Para Palacios, este problema no es nuevo, tiene siquiera 20 años, lo que sucede es que no se lo ha reconocido.
Factores. “Cuando me automedico, sin hacerme un cultivo previo, estoy generando resistencia. Cuando tengo un proceso viral y recomiendo un antibacterial, lo cual es un error, estoy generando resistencia; cuando prolongo el período de tratamiento; es decir, el doctor me manda un tratamiento de 7 días y al tercero lo abandono, estoy generando resistencia”, señala.
Aunque atribuye gran parte de la resistencia a los medicamentos a malas prácticas, también sugiere que hay médicos que, ante un proceso viral como la gripe, recetan antibióticos. “Los antibióticos son para las bacterias, no para los virus; sin embargo, muchos médicos los recetan. Es una incoherencia total, es como decir día y noche”, dice Palacios.
Las bacterias más peligrosas, para él, son las llamadas nosocomiales; es decir, las que se encuentran en los hospitales, ya que estas “conocen” la mayoría de los antibióticos y saben cómo enfrentarlos. 
Control. Una de las medidas que adoptó para evitar la propagación de bacterias fue la restricción de las visitas hospitalarias, porque estas, por medio de las manos, llevan y traen microorganismos. 
“Estamos en Manabí, cuando una persona se enferma viene un camión entero a visitarlo. A eso se le puso control”, dice el galeno.
El químico laboratorista Ángel Zambrano confirma lo dicho por Ramírez y Palacios, pero agrega algo: pocas personas acuden a hacerse el cultivo para identificar la bacteria que los afecta y determinar la medicina que sea la adecuada.
“Hay la mala costumbre de automedicarse y no cumplir los procesos de medicación. Además, casi nadie viene o va a algún laboratorio a hacerse exámenes de rigor, como los cultivos, para saber a ciencia cierta qué es lo que le pasa al organismo”, dice Zambrano.
Una prueba de que la mayoría de enfermos se automedica la da Marco Antonio Moreira, vendedor de la cadena de farmacias San Gregorio.
“Cuando viene un paciente varias veces ya no se le pide la receta”.
Los antibióticos de mayor demanda son  ampicilina, amoxicilina, cefalexina, azipromicina, de los genéricos, y de los comerciales, cipran, proflox y bactrín.
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