Actualizado hace: 27 minutos
Crónica
Las dos vidas de Alexandra

La necesidad hizo que Alexandra tenga una doble vida. Durante el día labora como estilista y por las noches vende su cuerpo por unos cuantos dólares.

Domingo 08 Octubre 2017 | 09:00

Ella es una de las transgéneros sexoservidoras más antiguas que trabajan en una de las calles de La Terminal Terrestre. 
Ella asegura que en su adolescencia fue víctima de muchas discriminaciones por parte de su colectivo y personas particulares, incluso de un policía, quien la encarceló y desnudó delante de todos los presos. 
Lleva diez años vendiendo su cuerpo, su orientación sexual no es excusa a la hora de complacer a sus clientes que en su mayoría son hombres, según lo afirma.
Su doble faceta le ha costado lágrimas, además de haber recibido varias golpizas de los homofóbicos, se expone a la delincuencia todas las noches. 
Vida. Ella es santodomingueña de nacimiento, pero desde los siete años se fue a vivir con su padre a Santa Elena, porque fue arrancada de los brazos de su madre. 
Alexandra dice que siempre sintió atracción por personas del mismo sexo (desde niño), pero el machismo y los constantes maltratos de su padre, quien tenía problemas con las drogas, lo hacían reprimirse. 
Cuando tenía 17 años decidió regresar a Santo Domingo a vivir con su madre, pero la mala relación con sus hermanos obligó a su progenitora llevarla a vivir sola en un hotel, donde empezó su transformación. 
“Empecé a sentirme bien con mi cuerpo al vestirme de mujer, pero una noche de fiesta me hizo entender que este mundo de transgénero no era fácil”, expresa. 
Aquella noche Alexandra asistió a una discoteca donde otra transexual le arrancó la peluca y tuvo que golpearla. “A mi me fue mal porque ella huyó en un taxi mientras que yo por quedarme fui presa”, cuenta. 
El recuerdo de ser golpeada por un policía sigue intacto en su memoria, fue cuando entendió que el odio hacia las personas con otra orientación sexual era muy grande. 
“El uniformado me golpeó en el pecho cuando me subió al patrullero y empezó a insultarme de la peor manera” recuerda.  
La confundieron. Además de cicatrices en su cuerpo, ha logrado sobrevivir luego de que tres de sus clientes le partieran una botella en la cabeza, con la intención de matarla para no pagar por sus servicios. 
Ella no tiene problema con los hombres a la hora de su contratación, porque la mayoría que se acerca a ella sabe que no es completamente mujer, de hecho la mayor parte de sus clientes son heterosexuales. 
Entre las malas experiencias que le ha dejado su trabajo, fue una noche cuando un cliente solicitó sus servicios, pero no se había percatado que ella no era mujer, y en medio de la intimidad, al descubrirla, la golpeó porque aseguraba haber sido engañado. 
“Me persiguió por todo el hotel a golpearme, hasta en la calle quiso agredirme, pero no lo consiguió” aseguró.
Alexandra asegura que lo que gana siendo estilista no le alcanza para solventar sus necesidades, pero los 20 dólares que obtiene por casi 15 minutos de placer ha sido su mayor ingreso económico. 
Viajar al exterior es otra de las opciones, Europa es su próximo destino si la situación no mejora. “He ido a varios países a trabajar como sexoservidora y me ha ido muy bien, actualmente en Santo Domingo no hay garantías para trabajar sin inconvenientes”, recalcó la transgénero. 
Hace dos años los dueños de hoteles empezaron a prohibir el ingreso de trabajadoras sexuales a las habitaciones, incluyendo a los transexuales. 
Alexandra dice que aún se sienten afectados, ya que no tienen un lugar específico donde ocuparse con sus clientes, por lo que han optado por hacerlo en callejones, vehículos o lugares oscuros. 
“El cierre de los prostíbulos también afecta, porque las calles se están invadiendo de mujeres que viven de esta profesión. Estamos a la espera de alguna solución por parte de las autoridades”, dice Alexandra.
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