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SCHUMACHER: EL OBISPO SATANIZADO
SCHUMACHER: EL OBISPO SATANIZADO
Por: Yuri Hernández Mendoza

Viernes 21 Abril 2017 | 04:00

La historia de la humanidad, de muchas verdades y grandes mentiras, todas recogidas en las leyendas que se transmiten en la vida de los pueblos. Unas que llenan sus páginas con nombres de personajes ilustres, de héroes y los ejércitos victoriosos en la guerra; y, en la generalidad, de muchísimos actores con los apóstrofes más demoledores de sus vidas.

Así tenemos a Francisco Franco Bahamonde (España), Fidel Castro Ruz (Cuba), por lo que no se acerca a la verdadera ciencia de Herodoto; esto nos lleva a recoger el pensamiento lúcido de uno de los más grandes pensadores de la patria, Federico González Suárez, quien dijo: “La verdad es el alma de la Historia”. 
Y analizando el personaje, despojándonos de sectarismo ideológico, encontramos a Pedro Schumacher, el prelado alemán de ideas conservadoras ortodoxa, que lo convirtió en un adversario terrible del liberalismo que combatió con denuedo y constancia; este, el gran error del sacerdote teutón, que no comprendió el signo de los tiempos.
La parte positiva del obispo constructor, tal vez el que más trabajó por el progreso de esta noble provincia. El sectarismo, en su máxima expresión, ha impedido conocer su verdadera valía y acción benéfica, que se extendió en obras de carácter público: se construyeron puentes en Portoviejo, en Rocafuerte se estableció la primera compañía de bomberos y se instaló una imprenta para la edición de textos de enseñanza. Fundó en Portoviejo los seminarios de Santa Cruz y Santa Fe, la Escuela de Artes y Oficios; colegios de las Madres de la Caridad en Bahía y un colegio Mercantil; colegio de las Benedictinas de Norte América en Rocafuerte, Jipijapa, Calceta y Montecristi; de madres Franciscanas en Chone, Santa Ana, Canoa y Machalilla.
Schumacher nació en Kerden, Alemania, el 14 de septiembre de 1839, y murió el 15 de julio de 1902 en Samaniego (Colombia),  población cercana a Pasto. 
Permítanme culminar este pequeño estudio con las siguientes líneas: “En un país como el nuestro, combatir el olvido es una forma poderosa de hacer justicia”.
Y no es que ideológicamente me una su pasado conservador, pero como investigador debo dar fe de cuantas historias y leyendas nutren nuestra memoria colectiva. 
 
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